Hacía horas que el anciano estaba muerto cuando dos menores entraron a la casa con fines de robo
La confusión tuvo su origen en dos hechos aparentemente conectados. Por un lado la aparición del cadáver de Ramón Gota, de 83 años, con un golpe en la cabeza, en el interior de su vivienda, y por otro la detención de dos menores de edad que fueron sorprendidos cuando saltaban el muro del inmueble.
«Estos delincuentes aprovecharon que vivía solo y lo mataron para robarlo», aventuró un vecino entrado en años.
Un oficial de Policía respondió: «No tan rápido, hay que tener cuidado en lo que se dice, estamos ante una muerte dudosa y para ser sincero, yo no creo que esos chiquilines lo hayan matado».
El uniformado tenía razón pues una revisión primaria, confirmada luego por la correspondiente autopsia, revelaría que Gota había sufrido un paro cardíaco masivo y al caer se había lesionado la cabeza contra una pared del inmueble.
En plena investigación, cuando aún había dudas, una señora, familiar del muerto, dijo que en determinado lugar de la casa había 20 mil pesos guardados. Los investigadores revisaron todo y encontraron 43 mil pesos en efectivo. De la casa no faltaba nada.
Quedaba por establecer si los menores habían entrado efectivamente a la casa, en virtud de que había un importante desorden en el interior. Ambos dijeron que habían saltado el muro para buscar una pelota y uno de ellos admitió que había mirado para adentro de la finca pero que no había visto a nadie.
Para la Policía existen tres certezas: por un lado los menores ingresaron a la vivienda a buscar algo para llevarse; por otro, ni siquiera vieron el cadáver del dueño de casa, y finalmente que no existió el homicidio comentado por todo el barrio. *
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