Ejecuciones por error hacen ceder apoyo a la pena de muerte en EEUU

Junto con Iraq, Irán y China, naciones cuyo comportamiento en materia de derechos humanos condena clamorosamente, Estados Unidos sigue siendo la única democracia avanzada que todavía mantiene una pena que la mayoría del mundo considera un homicidio patrocinado por el Estado, escribe el periodista estadounidense Mark Sommer, fundador del Mainstream Media Project y director del programa radial A World of Possibilities.

El 64% con que los estadounidenses apoyan la pena de muerte supera en 20% al apoyo en Canadá y en 40% al apoyo en Australia. Pero esa cifra, aunque alta, es el nivel más bajo en los últimos 27 años y es más baja aún entre los jóvenes, lo que indica un cambio.

Las razones de este cambio son menos ideológicas que pragmáticas y provienen del hecho de que demasiado a menudo se ejecuta por error a inocentes y de que los exorbitantes costos de los procesos están robando recursos a programas para la aplicación de leyes de más probada eficacia. En Texas, que está en el primer lugar en cuanto a ejecuciones, un caso con sentencia de muerte cuesta en promedio 2.300.000 dólares. Irónicamente, los costos de procesos que impliquen la pena capital pueden forzar a otorgar libertades anticipadas y a efectuar recortes en programas de aplicación eficiente de las leyes, medidas que incrementan la probabilidad de mayores tasas de criminalidad.

Pero ¿si no se recurre a la pena de muerte, qué otra forma de justicia debería ser aplicada a los asesinos convictos? Los opositores a la pena capital abogan por una prisión perpetua sin posibilidad de libertad condicional combinada con una indemnización a los familiares de las víctimas. Cuando en las encuestas se ofrece esta opción, el apoyo de los estadounidenses a la pena de muerte cae a un 41%. *

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