
Los tres procesados con prisión por el brutal homicidio del hincha de Cerro, Héctor Da Cunha, fueron trasladados ayer desde la cárcel a la sede penal a cargo del juez Olivera NegrÃn. A la misma hora, poco antes de la una, desde la jefatura capitalina, funcionarios del Departamento de Delitos Complejos trasladaron al profesor de filosofÃa por orden del magistrado.
Este último ya habÃa sido indagado en las maratónicas jornadas de hace dos semanas, pero recuperó la libertad, luego de la reconstrucción del crimen. Los cuatro han sido calificados por la PolicÃa como los “zombies”, una nueva vertiente de parciales con cero escrúpulos y de clase media alta.
Como informó LA REPUBLICA en su edición de ayer, uno de los hinchas de Peñarol apodado “El Maxi” fue llevado a declarar al juzgado de la calle Misiones donde le reveló al juez el nombre del autor material del feroz apuñalamiento de Da Cunha.
“El Maxi”, después de varios dÃas de encierro empezó a hablar en la cárcel y a dar detalles del caso que conmovió a la opinión pública. Los relatos del reo incluÃan el nombre del otro hincha de Peñarol que cribó a puñaladas al guarda de Coetc, en la parada frente al hospital de ClÃnicas, en presencia de su esposa y hijo de 12 años llamado Damián.
Como se recordará el crimen ocurrió en el atardecer del sábado 11 cuando se disputó el partido entre Peñarol y Cerro. Da Cunha, luciendo una gorra de Cerro, junto a su esposa y su hijo, esperaba un ómnibus de Copsa que los llevarÃa a su casa en el balneario Lagomar. De repente apareció una horda de salvajes que lo rodeó y empezó a golpearlo. El ataque tuvo un epÃlogo de extrema ferocidad, pues mientras dos de los inadaptados lo aferraban de los brazos, otro le asestó siete puñaladas en el abdomen y tórax.
Consumado la inaudita agresión, los atacantes se dispersaron en distintas direcciones, mientras Da Cunha con un hálito de vida alcanzó a llegar a Emergencia del hospital de ClÃnicas, donde falleció, en medio de la desesperación de su esposa y del hijo menor.
El caso provocó una gran conmoción social y se resolvió suspender las futuras etapas del fútbol profesional hasta que se calmaran las aguas y se reforzara la seguridad en los escenarios deportivos y adyacencias. En medio de parloteos innecesarios (porque en rigor mucha gente quiso dictar cátedra) la PolicÃa comenzó con un trabajo descomunal, bajo una fuerte presión social.
PolicÃas del Departamento de Homicidios detuvieron en primera instancia a 10 sospechosos que recuperaron rápidamente la libertad, lo que motivó nuevas crÃticas y más presión.
El Comando de la Jefatura de PolicÃa dispuso que a la referida repartición especÃfica se uniera el Departamento de Delitos Complejos en la tarea de identificación de los asesinos. El trabajo en conjunto permitió la detención de ocho hinchas de Peñarol seriamente comprometidos en la muerte.
Pese a los intensos interrogatorios no pudo determinarse en una primera instancia quién habÃa sido el autor material del crimen, pues tres de los detenidos se acusaban unos a otros.
En razón de ello, el magistrado dispuso la reconstrucción del hecho y luego de la instancia quedó clara la participación de los tres sujetos que fueron procesados con prisión por el delito de coautorÃa de homicidio muy especialmente agravado, aunque no se pudo individualizar con precisión al matador.
Las revelaciones de “El Maxi”, apoyadas por otro hincha procesado, “El Mena”, hechas en la prisión y luego ratificadas en el juzgado permitieron al magistrado recoger nuevas evidencias, razón por la cual ordenó la detención de uno de los individuos que habÃa sido liberado y la conducción de los tres procesados.
Coincidentemente, en el dÃa de hoy se cumplen exactamente 20 dÃas del asesinato de Da Cunha. El gremio del transporte, que se mostró muy pendientes de la resolución judicial, decidió convocar a una reunión en el local sindical de la calle Fray Bentos para sellar y entregar una nota a los medios de prensa en la que reflejan sus sentimientos y el de los familiares del hincha asesinado.
Una vez finalizada la audiencia judicial, el magistrado Julio Olivera decidió que el profesor de filosofÃa, permaneciera en libertad sin perjuicio pudiendo solicitar su presencia en cualquier momento. Los otros tres hombres retornaron a sus celdas. *
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