Dos de los baleados son patovicas que intentaron quitarle el arma

Un joven fuera de sí abrió fuego dentro de un baile, llegó a herir a 4 antes de que lo mataran acribillado

El cruce de Millán y San Martín era un «hormiguero». Miles de jovenes esperaban ansiosos para entrar al boliche «Bambú» que cada fin de semana se ve colmado de fanáticos de la cumbia villera. Los llamados «planchas», los «zombies» y algunos otros integrantes de clanes y tribus urbanas tarareaban las canciones mientras hacian la cola para ingresar.

Cerca de las tres de la mañana cuando todos bailaban alegremente, se escucharon dos impactos de arma de fuego que hicieron paralizar a los danzantes. Todos corrieron hacia la puerta menos dos patovicas que yacían inmóviles en el suelo sobre un único charco de sangre.

El autor de los disparos, identificado como Alejandro Sebastián Sosa López, de 20 años también ganó la calle blandiendo su pistola Browning 9 milímetros. Mientras la multitud corría sin rumbo fijo, el joven poseedor de antecedentes penales apretó nuevamente el gatillo. Otra persona cayó herida. El acto fue repetido 5 veces. El informe final redacta que en total el joven disparó ocho veces e hirió a cuatro personas, dos de ellos de gravedad.

Ya sin proyectiles por disparar el delincuente intentó escapar pero tres balas segaron su vida. El cuerpo de Alejandro Sosa quedó en medio de la calle y nadie se hizo responsable por su muerte.

Cuando la policía arribó al local bailable detuvo a seis personas para tomarles declaración. Los testigos dijeron que el problema comenzó cuando la novia del pistolero fue acosada por otro muchacho. Tras una breve discusión, el «acosador» le partió una botella en la cabeza a Alejandro Sosa que de inmediato extrajo de entre sus ropas el arma. Los patovicas que observaron lo que sucedía intentaron detenerlo, pero fueron alcanzados por las balas. En ese momento se desató la hecatombe. Corridas, gritos y llantos resonaron en el enorme local para ese entonces ya se había transformado en zona de guerra. De lo que sucedió afuera pocos son los datos que se tienen. Dos versiones son las que suenan con más fuerza. La primera habla de que una persona lo estaba esperando para «ajustar cuentas». La segunda es que los propios policías que cumplen el servicio 222 lo mataron desde el anonimato.

Para aclarar todos estos hechos, la justicia citó a declarar al dueño del local, a la novia del joven fallecido y a dos patovicas que también participaron de la discusión que desencadenó la tragedia.

Al tratar de recabar algunos datos se pudieron escuchar palabras casi idénticas a las dichas luego del encuentro entre Cerro y Peñarol: «algo que debía ser una fiesta terminó en muerte».

Las autoridades policiales se mostraron sumamente preocupadas a tal punto que el propio subjefe de Policía se hizo presente en el lugar de los hechos para interiorizarse del tema. En el día de hoy habrán nuevas citaciones y detenciones que apuntan a aclarar lo sucedido en la gélida noche otoñal que se tiñó de sangre. *

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