Los presos de la chacra policial de Soriano están sin custodia "porque se hicieron la cabeza"
La Cárcel Departamental de Soriano, como en casi todo el Interior, está ubicada actualmente en pleno centro de Mercedes, junto a la Jefatura de Policía, algo que ha acarreado algunos inconvenientes, tanto para los reclusos como para la Policía, ante la falta de espacio, y carencias por la vejez natural de un edificio centenario.
Pero, en contrapartida, la Jefatura de Policía de Soriano, desde aproximadamente el año 2000, ha implementado un sistema de reclusión abierta que ha dado muy buenos resultados. Una experiencia novedosa. Una cárcel sin rejas y casi sin carceleros, donde los reclusos desarrollan diferentes tareas.
En la actualidad alrededor 20 reclusos se encuentran comprendidos en este sistema.
LA REPUBLICA recorrió las instalaciones de la chacra policial, ubicada en los accesos a Mercedes junto a la ruta 21. Una amplia extensión de campo delimitado por alambrados bajos donde sobresalen un par de invernaderos, un galpón, y algunas construcciones; y una amplia superficie sembrada por los reclusos que proveen de verduras a la cocina de la Cárcel Departamental.
En esa amplia superficie los reclusos, además de trabajar en el cultivo de la tierra, lo hacen en una panadería, en una carnicería, trabajan en la elaboración de block para la construcción, e incluso han llegado a desarrollar un novedoso y práctico sistema de confección de alambrados tejidos, trabajos destinados tanto a las necesidades internas del establecimiento, como para terceros que han llegado a contratar sus servicios.
Como elemento curioso para el visitante es la casi nula presencia policial en la amplia extensión del predio.
Para el jefe de Policía de Soriano, inspector principal (r) Julio Martínez, esta experiencia es sumamente positiva ya que además de permitir que el encausado pueda desarrollar una actividad productiva, posibilita que en la Cárcel se dé «una buena comida, en base al trabajo que se hace en la chacra», ya que «ahí se obtiene la verdura para la alimentación del procesado». Remarcó Martínez que «la chacra trabaja para la Cárcel». Desarrollar esta experiencia ha acarreado también otro resultado positivo ya que «no hemos tenido problemas graves de fugas», sumado al hecho de que se logra una mejor convivencia entre los reclusos.
Este trabajo, agregó Martínez ha permitido planificar «la posibilidad de ampliarlo» con un sistema que comprenda una reclusión de mínima seguridad «que nos permita desintoxicar la Cárcel». Un estudio que se maneja como alternativa ante la eventualidad de que no logre concretarse el traslado de la Cárcel Departamental, explicó Martínez.
Los de adentro y los de afuera
Para los reclusos alojados en la chacra policial, este sistema también es positivo, aunque plantearon algunas inquietudes y quejas. «Yo voy a hacer 12 años que estoy preso expresó uno de ellos y pienso que esto tendría que estar en todos lados».
En diálogo con LA REPUBLICA un grupo de reclusos relataron el sistema de trabajo que desarrollan en esta chacra. Manifestando que la jornada de trabajo comienza entre las 6 y las 7 de la mañana y se extiende hasta las 12 o 13 horas, según las necesidades. En la tarde cuentan con tiempo libre, por lo que algunos se dedican a hacer artesanías, otros trabajan en otras actividades, según relataron, al tiempo que se quejaron que la mayoría, pese a su probada buena conducta, no cuenta con la posibilidad de una salida transitoria. «Yo no tengo transitorias en 4 años, y tengo 6 criaturas», expresó uno de los encausados, explicando que «nosotros también queremos la oportunidad, como hay en otros lados, de salir a trabajar». Otro recluso agregó «esperamos que nos den una oportunidad, porque usted ve cómo estamos acá, que hay un tejido, pero si tuviéramos otra cabeza nos iríamos. Tá, las macanas ya están hechas, eso no hay vuelta atrás, pero dentro de todo queremos que nos den una oportunidad». Siendo el reclamo generalizado la necesidad de esa salida transitoria para poder desarrollar un trabajo que aporte algún dinero a la familia.
«Hay gente que lleva cuatro años y no sale a la calle», reafirmó otro preso. Dándose incluso el caso de un recluso que trabaja en forma honoraria para la Sociedad Protectora de Animales, pero ese tiempo que destina a ese trabajo «me lo descuentan de las visitas domiciliarias». Reclamando otro recluso «la necesidad que hay en una chacra abierta así, es que el pico de la tarde que le queda al encausado, que se lo den para trabajar en la calle». Pero que cuando alguno consigue una changa fuera del establecimiento de reclusión, algo que le ha permitido hacer «algún peso en la calle» son descontadas de las visitas domiciliarias que tiene estipuladas.
Todos los encausados contestaron casi en los mismos términos al consultarlos sobre cuál es la necesidad central que actualmente los acucia.
Lejos de lo que de antemano podíamos suponernos, los reclusos antepusieron sus necesidades particulares a las que tienen «los que están afuera». Sintetizándolo uno de ellos al responder: «¿Sabe cuál es la necesidad más grande? … de repente no pasa por uno sino por la familia que está afuera. Porque aquel que no tiene hijos, tiene una esposa, una madre, un hermano; todos tenemos familiares, y de repente están pasando necesidades y uno no puede ayudarlos. Esa es la necesidad que a veces preocupa más a uno». *
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