En Colonia Suiza le dan la espalda a una ermitaña chilena, violada en una carpa del "Parque Retiro"
Un ejemplo de esto es lo que en los últimos días está sucediendo en la ciudad de Colonia Suiza (zona este del departamento de Colonia), donde -tal como en su momento informó ampliamente LA REPUBLICA– una mujer de 40 años, extranjera (chilena, para ser más precisos), fue salvajemente violada en el interior de una pequeña carpa en la que vivía, en el predio del Parque El Retiro, de esa localidad.
La señora se ha convertido casi en ermitaña, como consecuencia de un duro fracaso sentimental que ha derivado en que su ex esposo le impida ver a las dos hijas menores de edad de la pareja. Desamparada, sin recursos económicos, su única ilusión es recuperar a las niñas -«verlas al menos un ratito», es lo único que pide la mujer- y poder volver a su patria.
Ante este duro cuadro humano y social, vecinos de la zona se movilizaron de inmediato para darle una mano. «Somos unos poquitos, pero es lo menos que podemos hacer cuando vemos a una persona sufriendo tanto», dijo el fin de semana a este corresponsal uno de los integrantes de esa pequeña cadena solidaria que se ha formado.
«No se puede creer»
El mismo vecino no ocultó su desazón ante «la falta de solidaridad que está afectando a muchos en nuestro pueblo». «Yo sé que me van a decir que son los males de estos tiempos en todo el mundo, pero te duele más hondo cuando lo notás al lado tuyo, cuando deja de ser algo lejano». Recuerda que «nos pusimos en contacto con gente de nuestra ciudad que bien podía colaborar para aliviarle un poquito la existencia a esa pobre mujer. ¿Y sabés qué nos contestaron? «¿Se van a preocupar tanto por una chilena? Que se arregle como pueda, primero hay que atender a los de acá». Claro que quienes tan fríamente se plantan en la vida, ni siquiera se ocupan de esos «de acá» a los que invocan para desligarse de cualquier responsabilidad y seguir «balconeando» la realidad, cuanto más distantes, mejor.
«Acá en el pueblo hay quienes llegaron a alimentar una polémica perversa: si habrá sido, realmente, una violación lo que esa señora padeció», acotó, indignado, el vecino. «Yo creía que opiniones como éstas, que criterios tan asqueantes, ya habían quedado por el camino después de tantos años, pero veo que me equivoqué», indica, tomándose la cabeza con las manos.
El entrevistado agradeció «a LA REPUBLICA, por haberse ocupado de este caso, eso ayudó a que unos cuantos se arrimaran con espíritu solidario».
El avión de los sueños
Mientras esto pasa a nivel de una buena parte de la comunidad de Colonia Suiza -donde por fortuna brilla el sol de quienes piensan y actúan en plural- la víctima de la violación, que ha debido recibir intensa asistencia médica, esconde entre sus pocas pertenencias un objeto casi ritual: un avioncito que ha construido con sus propias manos.
«Dice a cada rato que en un avión así quiere irse a otra parte, a su patria, porque ya no soporta tanto dolor, tanto sufrimiento», cuentan quienes han estado rodeando de afecto a la señora. Justo es decir que desde la Intendencia de Colonia ha demostrado interés por el caso, lo que se suma a la acción de un pequeño grupo vecinal, que antes señalábamos. Pero: ¿dónde están las organizaciones dedicadas a atender la problemática de la mujer? Por el momento, desde ningún grupo u organismo se oyen pronunciamientos y, menos todavía, no se perciben acciones.
¿Esta es -parcialmente o no tanto- la «nueva sociedad» de comienzos del siglo XXI? Por favor: alguien que nos ayude con las respuestas, a los que alguna vez habíamos juramentado que ya nada nos sorprendía.
Lo expulsaron del pueblo
La oportuna acción de una vecina de este departamento evitó que un vendedor circunstancial estafara a mucha gente y se fuera con la billetera bien repleta, fruto de su «viveza». El hecho ocurrió en Colonia Valdense (zona este de Colonia) cuando un individuo nunca antes visto en la localidad comenzó a recorrer casa por casa ofreciendo «bonos de colaboración» en apoyo a un supuesto comedor popular de Montevideo.
El desconocido no tenía ninguna acreditación, por lo cual una de las vecinas que había visitado consideró oportuno dar aviso a la Comisaría 6ª, porque veía que «algo raro estaba pasando».
Los uniformados, de inmediato, se pusieron en movimiento y detuvieron al vendedor. Una vez en la seccional, comprobaron que todos los bonos que portaba eran falsos, que no existía ese comedor montevideano que decía representar y que, en verdad, era el forastero habitante del departamento de Florida.
Como a esa altura de la jornada no había conseguido sacarle dinero a nadie, los Policías amablemente le hicieron una «invitación» para que abandonara Valdense y que, si fuera posible, no retornara.
El vendedor, que era «trucho» pero no tonto, aceptó el ofrecimiento de la autoridad y en un abrir y cerrar de ojos se perdió de vista. El comisario, por su parte, felicitó a la vecina que había dado la voz de alerta. *
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