Los uruguayos de la "cuadrilla"

Los policías brasileños Ronaldo Almeida y Leonel Ilha Da Silva, integrantes de la banda que se dedicaba a contrabandear millones de dólares hacia Brasil, habían sido detenidos por sus colegas de la Policía Civil, en ocasión en que custodiaban una carga. De inmediato fueron puestos a disposición de la justicia de su país, la que les permitió esperar el proceso en libertad, no accionando contra sus respectivas esposas, las que estaban al tanto de las operaciones y hasta oficiaban de contacto en algunos casos. En lo sucesivo, tanto Almeida como Ilha, comenzaron a «operar» por su cuenta, realizando robos de mercaderías con otros policías involucrados y practicando maniobras extorsivas a quienes eran perjudicados por el robo de las mismas. El día 19 de julio del año pasado, al decir de su esposa, Almeida recibió una llamada telefónica «de parte de Curi», citándolo para que concurriera al galpón junto a Ilha Da Silva a las ocho de la noche a los efectos de «negociar». En el lugar, aguardaban el sicario, Ricardo Guimaraens, Fabián Bengoechea y Walter E. Pintos, funcionario de la empresa de Joaquín Curi, propietario del local, quien en esos días se encontraba de viaje junto a su familia. Los policías fueron ejecutados por «Matador», o » W «, como es mencionado en el expediente y luego sus cuerpos fueron enterrados en un camino vecinal, ubicado en la ruta que lleva al Aeropuerto departamental, donde fueron encontrados en el mes de diciembre. La Justicia uruguaya, a través del juez en lo Penal de 2do. Turno de Rivera, doctor Mijhail Rottas, procesó a Joaquín Curi y a Walter E. Pintos, por «Co-autoría de Homicidio, especialmente agravado», en tanto que, a Fabián Bengoechea, partícipe directo del doble homicidio, se le condenó por «Encubrimiento», al igual que a su hermano Rafael. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje