Códigos de horror: "Si él nos devuelve la carga y falta algo, le arranco un pedazo al hijo también"
Las actividades de la poderosa banda no se limitaban exclusivamente al contrabando y evasión fiscal, en virtud de que empiezan a conocerse casos de corrupción dentro de los cuadros policiales, además de las ejecuciones ordenadas.
Sobre los jefes de la «cuadrilla, Martins y Clevio de Gáspari, quienes están radicados en la ciudad de Miami desde donde dirigen las operaciones, pesa la acusación del contrabando de toneladas de artículos electrónicos que salían de Asia, pasaban por Miami, para luego seguir a Montevideo».
Desde el puerto capitalino partían los cargamentos en camiones que atravesaban la frontera con Brasil y, a través de Río Grande do Sul, llegaban a San Pablo, donde eran recibidos por Ah Yon Um, o Stéfano.
El montaje de semejante esquema, obligaba a los capos (y lo sigue haciendo) a disponer enormes sumas de dinero para sobornar autoridades de los distintos países, o en su defecto, asesinar a quienes los traicionan o se niegan a participar de la maniobra.
En una de las escuchas telefónicas interceptadas por la Policía Federal de Brasil queda claro cuando Stéfano autoriza a un despachante a efectuar el pago de una coima de 20 mil dólares dólares a un fiscal de la Receita Federal, que tenía una carga retenida por falta de documentación.
Despachante: «Hablé con el hombre, termino de salir de la oficina de él».
Stéfano: «Bueno, dame entonces una buena noticia».
Despachante: «Bueno, el dice que está todo bien. Mandando lo de él, el resto está todo bien. Eso sí, me pidió 20 mil ‘verdes’. Entonces le dije que se lo iba a consultar al cliente, pero que era un poco caro. Pero me dijo que menos no, que viera el valor de la mercadería, que eran más de medio millón de reales (170.000 dólares), sin contar los CD y MP3″.
En otra de las intercepciones telefónicas realizadas luego de la aprehensión de una mercadería en Vacaría, Río Grande do Sul, que por circular con documentación falsa acabó en un depósito de la Receita Federal, siendo «robada» por disposición de De Gaspari y Martins, queda en claro la operativa ordenada por los capos.
De Gaspari: «Dejen recostar a la patrulla lo más cerca del paragolpes del camión, pongan el pie en el freno, que salta el camión hacia atrás y allí se van».
La Federal oculta información
La escucha telefónica que se transcribe a continuación no fue aportada como prueba por la Policía Federal brasileña a su similar uruguaya. En esa conversación el capo Martins y el asesino Guimaraens hablan sobre los policías brasileños, luego asesinados y enterrados en la ciudad de Rivera.
Martins:» ¿Sabes cómo me estás desanimando, viejo? ¿Sabés que hace rato que tiraste la toalla? Le reprocha el capo al ex policía convertido en asesino a sueldo.
Guimaraens: «Es que llegué a pensar. Sabe que no sé… ¿Será que hicimos tanta, pero tanta cosa, que ahora estamos pagando un poco?». Le responde el sicario en una suerte de acto de contrición.
Martins: «Después de todo eso, yo también quedo preocupado viejo. Vos sabés de eso, porque aquellos dos de allá. Bueno, en fin, vos sabés, quién sabe.» Responde el capo al asesino que entiende la orden de matar a los policías sin más palabras.
En la semana que va desde el 4-11-05 al 11-11-05 se detuvo a uno de los integrantes de la cuadrilla, quien declaró a la policía brasileña que Guimaraens había matado a dos policías, porque sospechó que habían denunciado la maniobra.
El mismo Ricardo Guimaraens es acusado simultáneamente de asesinar a un ex policía militar, de nombre Ricardo González, quien había trabajado para Martins en Riberao Preto y había sido descubierto por la banda de elaborar un dossier en el cual dejaba en evidencia las actividades de Martins, Guimaraens y De Gáspari.
Alarma pública y cambio de ruta
En una ocasión, después del robo de una de las cargas, consumado por un individuo «muy conocido» de esta frontera, Guimaraens planteó un plan para que le devolvieran la mercadería.
«Yo secuestro el hijo del hombre y me siento a negociar con él. Si me devuelve la carga entera, le devuelvo el hijo entero. Si nos devuelve la carga faltando algo, le arranco un pedazo al hijo también».
Los numerosos inconvenientes generados por la alarma pública provocada por la desaparición de los policías brasileños, obligó a los capos mafiosos a crear nuevas rutas para el contrabando, lo que queda en evidencia en otra de las conversaciones interceptadas.
Martins: «Como la gente ya no tiene más vergüenza, estoy pensando en un nuevo negocio». Dice el jefe criticando a la comunidad en general.
De Gaspari: «¿Cuál es?».
Martins: «Acá ya no hay más problemas, la gente perdió la vergüenza, por eso es que estoy preparando otro pasaje, ¿entendiste?». Le informa el capo a su socio menor.
De Gaspari: «Estamos, ve algo para mí, porque yo preciso trabajar viejo. Si yo no corro atrás, nadie lo hace por mí. Le advierte a su jefe para que no lo deje afuera de la nueva ruta.
La información obtenida por LA REPUBLICA no aclara si Martins realizó las comunicaciones desde el Hotel Sheraton en Montevideo, donde se alojaba por largos períodos, aunque se sospecha que la mayoría de los llamados los realizó precisamente desde allí. Entonces surge otra inquietante interrogante ¿cómo hizo la Federal Brasileña para interceptar llamadas telefónicas en un hotel instalado en el corazón de la capital uruguaya? *
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