Los menores coparon el Centro y se transformaron en un dolor de cabeza para la policía

La avenida 18 de Julio tiene tres puntos donde se hace casi imposible transitar sin que lo arrebaten

A lo largo de toda la avenida se pueden observar a niños que van y vienen revisando los tachos de basura y mirando de reojo a los más viejitos. El mínimo descuido es aprovechado para arrebatar las pertenencias y darse a la fuga por las calles que cortan 18 de Julio. Los tres puntos claves son: el cruce de Gaboto, el de Paraguay y el de Andes.

Los niños se sientan en el cordón de la vereda y entre charlas esperan que llegue la víctima «ideal». En su mayoría se trata de ancianos que pasean en solitario aunque también arrebatan a mujeres que caminan solas o en grupo.

Generalmente uno se acerca por delante y pide alguna moneda, mientras que otro, desde atrás, le mete la mano en el bolsillo y le roba la billetera. La víctima, desconcertada, no sabe a cual de los dos niños correr, quedando algunos segundos bloqueado. Este lapsus, es aprovechado por los menores para escapar a gran velocidad rumbo a las calles San José o Colonia donde vuelven a juntarse para repartir el dinero robado.

La policía se ve desbordada por el accionar de los jovencitos que además de los arrebatos también rompen vidrieras con la intención de extraer electrodomésticos y ropa.

«Se hace imposible. Son muchos y están por todos lados. Los agarrás, los llevas al destacamento y a la media hora los estás deteniendo de vuelta. Aveces van al juez y en vez de detenerlos a la media hora los detenés al otro día», explicó uno de los policías que noche a noche patrulla el lugar.

Los arrebatos suceden siempre de noche y en su mayoría los viernes y sábados. El cruce con Andes es elegido por su cercanía a la Ciudad Vieja, un lugar donde cada fin de semana se reúnen miles de personas.

La zona de 18 de Julio y Gaboto cuenta con una gran cantidad de restaurantes y bares. Los menores esperan en la puerta hasta que las víctimas salgan y cometan el mínimo error.

Mientras que el cruce con Paraguay se hace ideal por la cercanía a la plaza Cagancha. Los menores arrebatan y corren a refugiarse en los rincones de la plaza. Las víctimas los buscan pero gracias a su pequeño tamaño y agilidad, los niños se tiran en el suelo tras los árboles y se vuelven prácticamente invisibles.

Un taxista que tiene como parada el cruce de 18 de Julio y Gaboto comentó que en el día llega a ver un promedio de 8 arrebatos. Una cifra nada menor si se tiene en cuenta la cantidad de horas que el trabajador no está en el lugar.

«Los niños son cada vez más y se hace muy difícil lidiar con ellos. Se juntan de a cinco o seis y arrasan con el Centro. Además con la ley de protección son intocables. Hacen lo que quieren», dijo a LA REPUBLICA una vecina que vive en Andes desde hace muchos años. «Los ves de la ventana y parecen un cardumen van para un lado y para el otro, corriendo con cosas que robaron», agregó.

El patrullaje a cargo de las seccionales 1, 2, 3 y 5 no alcanza para cubrir la vasta zona que cubre la principal avenida. Aunque 18 de Julio tiene un patrullaje mayor al resto del centro no debe olvidarse que la zona de la rambla es otro lugar donde el vandalismo y la delincuencia se están abriendo camino, principalmente en las cercanías al Cementerio Central, donde los delincuentes aprovechan la escasez de policías para hacer de las suyas y escapar con total impunidad. *

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