"Es verdad, los jóvenes se van a divertir, pero algunos de ellos van con armas de fuego"

Alegato del padre del portero del boliche "Galápagos" al que le pegaron un tiro en el cuello a quemarropa

Santos tiene un hijo de 35 años que le dio dos nietos, un varón de tres y una nena de uno. «El trabaja todo el día y para hacerse de 200 o 300 pesos más decidió realizar tareas como portero (no como guardia de seguridad, aclara) en el boliche «Galápagos».

Cuenta que la noche del grave problema, a su hijo le dispararon a quemarropa y la bala le atravesó el cuello y quedó alojada en el omóplato. El proyectil no fue extraído.

«Yo no sé lo que le contaron los hijos a ese señor, pero la versión de que uno de ellos (Cristhian, de 19 años) fue atacado por 8 ‘patovicas’ no se ajusta a la realidad», dice Santos.

«El problema comenzó cuando su hermano, de 23 años, tuvo un fuerte intercambio de palabras con los sobrinos del dueño del boliche, quienes lo sacan a la vereda. Una vez en la calle el muchacho agredió a quienes lo sacaron, por lo cual llaman a los guardias de seguridad, generándose una pelea que no debió pasar a mayores».

«Mi hijo, que estaba en la puerta cumpliendo sus funciones, decidió intervenir y se puso a separar, cuando ocurrió lo inesperado. Ese joven de 19 años apareció con un revólver calibre 22 y le efectuó dos disparos a mi hijo. Como el primero no alcanzó a herirlo, entonces tiró de nuevo a quemarropa y la bala le atravesó el pescuezo».

Santos agrega que mientras su hijo era auxiliado, el joven atacante escapó a la carrera, siendo perseguido por un guardia de seguridad y un policía. «Alguien les dijo que se había metido en una volqueta, entonces el guardia, temiendo que también le disparara, saltó hacia el interior y sus piernas cayeron sobre la cara del muchacho, sufriendo la quebradura de su mandíbula, tras lo cual el policía lo esposa. Poco después el arma fue atrás del contador de luz de una finca de la zona». El hombre niega de plano que la Justicia haya investigado una agresión «en masa» contra el joven. «Todos fueron a declarar primero a la seccional tercera y luego al juez por el balazo que le pegaron a mi hijo».

Santos da gracias al cielo de que su hijo siga con vida, pero advierte que la noche se ha vuelto demasiado violenta en la ciudad de Montevideo y con un dejo de ironía, aunque muy serio y preocupado, dice «es cierto, como el dice el padre de Cristhian, que los jóvenes se van a divertir, pero el problema es que algunos de ellos van con armas de fuego». *

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