Cuando un joven estaba a punto de morir inmolado en Gorlero, un estudiante de medicina lo salvó
El sábado todo el país vivía las horas previas a la medianoche que marcaría el inicio de un nuevo año. Maldonado estaba atiborrado de turistas y las playas eran el «antídoto» ideal para neutralizar la alta temperatura reinante.
Los restoranes ofrecían atractivos paquetes para la noche y la Policía estaba desplegada en todos lados, en el marco del operativo de seguridad «San Fernando». Cada rincón de Punta del Este estaba a pleno y no eran pocos los que sobre la tardecita caminaban por sus calles, efectuaban las compras de último momento o recorrían distintos paseos como la clásica feria artesanal de la plaza Artigas de la península.
De pronto, los gritos desgarradores de alguien rebotaron en las paredes de todas las torres y paralizaron a miles de personas. Un joven corría retorciendo su cuerpo abrazado por las llamas y pocos atinaron a hacer algo. Salvo un estudiante de medicina que reaccionó tirando violentamente al muchacho al piso, tapándolo con una prenda de manera de ahogar las llamas que ya le habían provocado severas lesiones.
Fueron muy pocos o ninguno los datos oficiales proporcionados respecto al increíble hecho que se produjo sobre las ocho de la noche en el corazón de Punta del Este, en la avenida Gorlero frente a la plaza Artigas y que generó el estupor de miles de compatriotas y turistas que acertaban a pasar por esa zona.
Trascendieron distintas versiones: desde que el joven incendiado es hijo de un reconocido abogado penalista del medio y fue víctima de una venganza, hasta que el alevoso ataque surgió de lo más profundo de la mente retorcida de un desequilibrado mental.
Lo cierto es que el joven de unos 20 años, cuya identidad no había sido dada a conocer -aunque se dijo que su nombre sería Santiago-, como así tampoco la de su agresor, permanecía internado en un sanatorio privado en estado reservado a raíz de las impresionantes quemaduras sufridas en gran parte de su cuerpo.
Algunos atribulados testigos indicaron que el agresor se acercó al muchacho y sin mediar palabras lo roció con nafta que llevaba en una botellón de plástico, para en forma inmediata acercarle un encendedor y procurar escabullirse entre la multitud.
Alertada inmediatamente la Policía que cumplía tareas de vigilancia en el entorno de la plaza Artigas, logró detener al agresor, quien según testimonios fragmentarios recogidos en el lugar, también sería un joven de aproximadamente 20 años, peinado estilo punk y con un extraño tatuaje en su frente.
Hasta la tarde de ayer, no había información oficial al respecto ni tampoco sobre la decisión de la Justicia que tomaba las primeras declaraciones al autor de la increíble agresión que no registra muchos antecedentes en la historia de la crónica policial de este departamento. *
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