Dicen que ciegos son invencibles, tienen púas de acero, pero mueren por la traición humana
La cría de los famosos «gallos de riña», no es tan fácil como la de un ave común a pesar de la misma alimentación, ya que en muchos casos deben estar separados para evitar que, llevados por su instinto, puedan lastimarse. Al momento de ya estar desarrollados, comienza el entrenamiento, que es tan fácil como empujar a un niño para que pelee con otro, dado que se toma un gallo nuevo y comienza a mostrárselo a otro ya acostumbrado a pelear, que normalmente se encuentra atado, con una correa de una de sus patas, a veces dejando que éste golpee sin lastimar al novato. Esta práctica se va repitiendo hasta ver si el «nuevo» muestra su instinto de pelea, en principio tratando de defenderse y, en caso de lograrlo, se pasa a una nueva fase, dejándolos sueltos, pero con el control del criador que no permitirá que ninguno de sus «pupilos» se dañe. La etapa final del entrenamiento es cuando se lo prepara para la peor parte: se le prueban las púas de acero, las que, colocadas en la pata del gallo, serán las que determinen la vida o la muerte del animal, a la vez que la suerte en la apuesta de su propietario, quien a veces llega a «traicionar» a su pupilo, jugando su dinero al enemigo de turno, en una suerte de ritual sangriento, que es visto como un juego, similar a la taba, por los hombres de campo.
Nacer, entrenar y al ring
Al momento de la pelea, lo primero que se hace es mostrar al animal, el que normalmente exhibe su agresividad ante la presencia de su adversario, lo que anima a los presentes a elegir a su candidato, a pesar de que en este tipo de peleas, también están los «tapados». Se inicia una lucha entre dos animales, expertos en usar las armas, llámese púas, que se les colocan, tratando por todos los medios, normalmente en vuelos cortos, de causar daño en su rival, al que tratarán de alcanzar en cualquier parte del cuerpo. La pelea llegará a su fin cuando la muerte alcance a uno de sus contrincantes o en una actitud de sumisión abandone la lucha, o bien cuando su dueño se apiade –vaya paradoja– ante las graves heridas que pueda sufrir su protegido, que en muchos de los casos, los privan de la visión, aunque en gallos ya «hechos» a la pelea, esto no significa un impedimento y se sabe de casos de animales que han adquirido fama de ser invencibles a pesar de su ceguera. Las jornadas acostumbran a ser largas y normalmente el gallo ganador es desafiado por alguno que pretende a través del pequeño luchador hacerse del dinero de los presentes.
¿Falta o delito?
En ocasión del procedimiento que se llevó a cabo, la veintena de personas que fueron detenidas recobraron su libertad, en algunos casos con apercibimientos o en su defecto con medidas sustitutivas. ¿El motivo? Es muy sencillo, en la ocasión debió actuar el doctor Tobías, que es el juez de Faltas del departamento, ya que la riña de gallos en nuestro país no es considerada como un delito, ni siquiera por el juego clandestino y sí como una falta por contravenir la Ley de Protección al Animal. Es evidente que cuesta creerlo, ya que hablamos de sacrificar animales ni siquiera en favor de un culto religioso, pero es así y la riña de gallos, como la pelea de perros, también de uso común en nuestro departamento, que necesitan de verdaderos expertos en la materia, ni siquiera le permiten al animal, como sucede en el boxeo, la presencia de un juez, que permite, de acuerdo a cómo vaya la pelea, que él mismo la detenga, o cuando desde el rincón le tiren la toalla, o para decretar el K.O. definitivo. *
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