Los hermanos Beltrán continúan en huelga de hambre y la esposa de uno de ellos se encadenó

Susana Ruiz, esposa de Ramón Beltrán, acusado de haber matado a tres personas y de copar dos domicilios, vino desde Colonia a reclamar justicia. Asegura que su esposo es inocente y pide que se revea el caso. Si usted pasa por la plaza Cagancha, la puede ver sentada tímidamente en un banco con una gruesa cadena rodeando su cuerpo.

La noticia impactó, a fines de junio de este año, a la población del departamento: dos hermanos, adultos, afincados en la periferia de la ciudad de Rosario, eran los autores de tres homicidios y dos copamientos ocurridos en zonas rurales vecinas, por lo que las familias de las víctimas venían desde hacía largo tiempo reclamando justicia. «Cayeron los Beltrán», era el comentario generalizado, aludiendo a los hermanos Ramón Aníbal y Carlos Artigas Beltrán Castro, de 50 y 58 años respectivamente. Quince días antes de ese anuncio, los vecinos de la zona este del departamento habían quedado consternados al leer una carta firmada por los hijos del productor agropecuario Juan Andrés García, quien el 29 de marzo de 2004 había sido asesinado a balazos en su domicilio rural en Paraje Concordia, cercano a Colonia Suiza. En la carta se cuestionaba duramente a la Policía y a la Justicia de Colonia por no haber encontrado a los culpables de aquel crimen. «A la impotencia se suma la indignación», decían en uno de los párrafos los hijos de García. Así las cosas, la población departamental respiró aliviada cuando supo que luego de un paciente trabajo de investigación, con apoyo de especialistas en distintos rubros, se había podido determinar la plena responsabilidad de los hermanos Beltrán –conocidos en la zona por sus apodos de «El Bizco» y «El Tuco»–, no sólo el asesinato del productor García, sino también en el de Blanca Ingold Falcón, de 74 años y su esposo Héctor Emilio Courdin, de 77, ultimados a tiros en su casa de campo en Boca del Rosario. Se sospechaba, además, que podían ser los autores de otros dos homicidios, uno acontecido el 22 de diciembre de 2003 en el paraje rural Paso Morlán –donde también a balazos fue ultimado el vecino Omar Adhemar Ferreira, de 54 años– y otro, tiempo después, en Paraje Escudero, departamento de San José.

 

Un giro inesperado en la historia

Ramón y Carlos Beltrán fueron recluidos en el Penal de Libertad, y a mediados de julio desde allí hicieron llegar a su familia una desesperada carta en la que proclamaban inocencia. En esa misiva, que tomó estado público, Ramón Beltrán contaba: «El jueves 22 de junio a las 18.00 horas me trasladaron a la Seccional 2ª de Rosario. A partir de esa hora me interrogaron hasta las 3.00 de la mañana, y al ver que yo negaba los delitos, me asustaron con la salud de mi señora, y que si no me hacía autor la iban a meter presa». Por su parte, Carlos Beltrán decía: «Si me hice autor (de los homicidios y copamientos) fue por la presión policial y judicial. Les pregunté qué era lo que debía declarar y me aconsejaron declarar cómo se habían hecho los copamientos», agregaba. A pesar de que los Beltrán sólo aceptaron esos hechos, la jueza Rodríguez Petrocelli también entendió que había «elementos suficientes» para procesarlos por los homicidios.

La defensa de oficio de los Beltrán apeló el fallo de la magistrada, señalando diversidad de «cabos sueltos» en los procedimientos practicados por los investigadores. Susan Ruiz, esposa de Ramón Beltrán, inició en la propia ciudad de Rosario una campaña de recolección de firmas en apoyo a los dos reclusos que se declaran «inocentes», y recibió de inmediato numerosas rúbricas de vecinos. Desde el Penal de Libertad, Ramón y Carlos volvieron a informar sobre su situación: no habían sido revisados por el médico, a pesar de que lo habían solicitado, porque –así decían–presentaban lesiones en varias partes del cuerpo (hombros, testículos, etc.) que serían «a causa de las torturas en la Seccional 2ª de Rosario».

 

En huelga de hambre

Los hermanos Beltrán iniciaron el 3 de octubre una huelga de hambre «a morir» en su lugar de reclusión. Piden ser oídos en otra sede judicial, vuelven a declararse «inocentes» y reiteran que fueron «torturados». Esta última acusación es rotundamente desmentida por el jefe de Policía de Colonia, inspector Ruben Peraza. «No tengo dudas», dijo el jerarca a la televisión local, que ellos (los hermanos Beltrán) fueron los responsables (de los copamientos y homicidios de que se los acusa)». Descartó enfáticamente «la posibilidad de que hubieran recibido presiones», y advirtió: «No voy a polemizar con nadie», refiriéndose a los cuestionamientos que formula la familia Beltrán, cuando a viva voz dicen: «Los molieron a palos, por eso se declararon culpables».

En el día de ayer, cuando el sol se estaba asomando por el horizonte, la mujer de Ramón Beltrán se sentó en un banco de la Plaza Cagancha, a metros de la Suprema Corte de Justicia y se encadenó a un foco lumínico.

Dice estar decidida a quedarse «hasta el final, hasta que el cuerpo no resista». «Mi marido es inocente, es impensable que pueda haber matado a alguien, le quieren meter crímenes que no supieron resolver», dice angustiada. «Quiero ayuda, que alguien me hable, que me diga algo, no puedo dejarlo solo. Que las autoridades judiciales o policiales me ayuden, porque yo, ya no aguanto más», concluyó. *

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