A siete años del asesinato de Andrés Trigo, sus parientes se lanzan a la calle y acusan
El muchacho, de apenas 18 años, fue ejecutado en la madrugada del 17 de agosto de 1996, poco después de haber salido, conduciendo una camioneta, de un baile que se realizaba en un club de barrio en la zona suburbana de la ciudad.
A esta altura de los hechos, ya se sabe –al cabo de los muchos testimonios recogidos por los investigadores– que Andrés dio esa noche algunas vueltas y luego se dirigió a la casa de sus padres, donde vivía. No alcanzó a tomar contacto con ellos, porque fue interceptado por otro vehículo y de ahí en más recién se volvió a saber de él en horas del mediodía, cuando fue encontrado sin vida, caído sobre el asiento de su camioneta, en una apartada callecita lindera con la Ruta Nacional Nº 21.
Muchas desprolijidades juntas
En ese entonces estaba al mando de la policía coloniense el inspector Hugo Pintos Funes. Hasta ahora el ex jerarca no tiene forma de explicar cómo pudieron ocurrir tantas irregularidades en el correr de una investigación: no se protegió la escena del crimen, en una comisaría se dedicaron a lavar el vehículo donde apareció la víctima, no se pidió ayuda a expertos que con el correr de los años sí colaboraron para dilucidar otros casos.
Por si algo faltaba, Pintos Funes dedicó buena parte de sus energías a echar sombras sobre la conducta de Andrés, lo que le valió primero el enfrentamiento con la familia, luego con la sociedad de Colonia y finalmente con la Junta Departamental, que a medida que el policía siguió obstinado con sus cuestionamientos nunca explicitados, terminó por declararlo persona no grata.
Desde un primer momento, Walter Trigo y Graciela Fonte, los padres de Andrés estuvieron convencidos que Karina -ex novia del muchacho- tenía mucho que ver con aquel asesinato.
Y no se equivocaron: la mencionada está actualmente recluida en la cárcel departamental de Piedra de los Indios, imputada de coautoría de homicidio.
Con su procesamiento no terminó de armarse el complejo rompecabezas, sino que por el contrario dejó en claro a la sociedad de Colonia que tal vez no había mucha voluntad de avanzar, de ir absolutamente a fondo, para encontrar a otros cómplices y, sobre todo, a los ideólogos del homicidio.
Pesos pesados en la mira
A comienzos de 2004 fue traído a Colonia para ser indagado por el caso Trigo el peligroso delincuente Alejandro Píriz Brum. ¿Qué relación podría guardar ese peso pesado del submundo del hampa con la muerte de un chiquilín de 18 años que se dedicaba a ayudar a su padre en el reparto de garrafas a supergás?
Se especula que podría haber sido el que condujo ese otro vehículo que el 17 de agosto de 1998 interceptó la camioneta de Andrés. Se sabe que tenía (Píriz Brum) fluidos vínculos con el Lilo Martínez, el zar de la droga en la ciudad de Carmelo, al que acribillaron a tiros a la salida de un bar. Se sabe que en reuniones de camaradería en casa de Martínez estuvieron policías y ex policías de este departamento. Y aseguran los investigadores que también era parte de esas tertulias la ex novia de Andrés.
«El se enteró de algo, o vio algo y por eso lo mataron», sostienen los padres de la víctima. Walter y Graciela están convencidos de que Píriz Brum sabe mucho y tiene que haber sido partícipe del homicidio. Tal vez la mano que dos veces apretó el gatillo…
Lo cierto es que en aquella indagatoria, el año pasado, Píriz Brum logró deslindar responsabilidades con este hecho.
También la familia Trigo tiene puesta la lupa sobre «policías que siguen en actividad acá en Colonia, y entienden que ya tendrían que estar entre rejas porque no quedan dudas que están metidos en el barro hasta la cabeza», dijeron en forma tajante.
En prisión, Karina –la ex novia de Andrés– no sale de su silencio impenetrable. ¿Sigue ocultando a los peces gordos, por temor a las represalias? Todo indica que sí.
La muchacha, si hablara, permitiría por ejemplo aclarar cómo podía ser que en su condición de humilde empleada de un almacén de barrio, donde le pagaban 1.200 pesos por mes, adquirió un automóvil en una de las más importantes empresas del ramo en Colonia.
Vino, ordenó el desorden, pero se fue
Así como nada contribuyó a la resolución del caso la intervención del ex jefe de Policía Pintos Funes, fue de enorme valor, tiempo después, de Montevideo, la del comisario Eduardo Romero.
El mencionado en por lo menos tres oportunidades condujo ante juez a una docena de personas que a su entender estaban muy comprometidas. En ese grupo siempre estaba Karina, la única que fue a prisión. Los demás siempre quedaron en libertad.
Romero un día volvió a Montevideo, convencido de que había dejado el caso aclarado y que entre esos indagados estaban los principales responsables. Varios de los nombres son los que aún ahora sigue mencionando la familia Trigo.
Otro aporte que resultaría fundamental es el que podría brindar un ex policía coloniense que reside en Argentina. Allá estuvo detenido, pero cuando se tramitaba su extradición, una jueza porteña ordenó su libertad.
Desde hace dos años trabaja en el caso un equipo especial de investigadores al que un ex funcionario jerárquico de Colonia intentó desmantelar el año pasado, pero el entonces ministro del Interior, Daniel Borrelli, impidió que eso ocurriera.
Que se descorra el velo de silencio
Seis años de impunidad es mucho tiempo. «Los asesinos andan entre nosotros, de lo más campantes», dice la familia Trigo y ese es el sentir de toda la sociedad colonienese.
A ocho días que se cumpla ese nuevo aniversario luctuoso, no se percibe aquí ningún movimiento que permita abrigar esperanzas.
Walter Trigo al final de cada marcha de silencio realizada en esta ciudad ha leído una proclama en la que fue sumando datos cada vez más concretos, a falta de anuncios oficiales. Ahora, según se supo, aumentaría el tono de su denuncia y acusación. Es que en Colonia ya se ha vuelto imposible sostener tanto dolor y tanto silencio. *
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