Cadena perpetua para médico británico que asesinó a 15 pacientes
El médico británico Harold Shipman fue condenado ayer a cadena perpetua por matar a 15 de sus pacientes, tras un proceso que lo convierte en uno de los mayores asesinos en serie del Reino Unido porque además se le acusa de otras 23 muertes.
Tras una semana de deliberaciones y cuatro meses de proceso, los miembros del jurado del tribunal de Preston concluyeron que Harold Shipman, de 54 anos, que ejercía en la localidad de Hyde, cerca de Manchester (norte de Inglaterra), mató efectivamente entre marzo de 1995 y julio de 1998 a 15 mujeres de entre 49 y 81 anos, todas ellas pacientes suyas, inyectándoles dosis mortales de diamorfina, nombre médico de la heroína.
Durante los 51 días del proceso, el tribunal escuchó las declaraciones de 120 testigos y los largos alegatos de la fiscalía y la defensa.
«En su caso, cadena perpetua quiere decir cadena perpetua. Debe pasar el resto de sus días en prisión», anunció el presidente del tribunal al médico.
Shipman también fue declarado culpable de haber falsificado el testamento de una de sus víctimas, Kathleen Grundy, de 81 anos, para apropiarse de una herencia de más de 600 mil dólares.
El médico no pidió autopsia ni llamó una ambulancia, ni trató de reanimar a sus pacientes en ninguno de los 15 casos.
Más de 100 víctimas Además falsificó siete de los 15 expedientes médicos y trató de convencer a las familias de que incineraran los cuerpos. Pero además Shipman podría ser autor de otras 23 muertes, según fuentes cercanas a la investigación.
El número de asesinatos podría superar los 100, sugirió John Pollard, oficial de Policía Judicial de la región de Manchester. El caso de Kathleen Grundy es el único en el que los investigadores disponen de un móvil real para el asesinato. En los otros 14 casos nada permitió adivinar qué habría podido llevar a este médico de apariencia apacible a convertirse en asesino en serie.
En su alegato, el fiscal afirmó que Shipman actuó por ambición y por la voluntad de ejercer «el poder supremo, el de controlar la vida y la muerte».
La falsificación del testamento de Grundy hizo sospechar a la familia de la víctima y condujo al arresto del médico, que siempre se ha considerado inocente, en setiembre de 1998. (AFP)
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