La Policía tenía pistas pero tuvo que esperar un mes para detener a la joven asesina

Pasada de pasta base y alcohol le asestó veinte puñaladas a su veterano "cliente"

Los efectivos policiales se hicieron presentes en dicho lugar y al constatar que nadie respondía al otro lado de la puerta, decidieron entrar. El escenario era dantesco. Sillas caídas, electrodomésticos rotos, la ropa de cama tirada en el suelo y el cuerpo de un hombre sobre un charco de sangre que se confundía en medio del desorden.

Angel María Daniel Ruocco Longo, de 71 años, presentaba «veinte puñaladas en tórax y vientre, asestadas con un cuchillo de cocina», según el informe del médico forense.

El asesino no había dejado huellas. El desorden no se debía a un hurto sino a una lucha feroz entre atacante y víctima. Con pocas pistas, el Departamento de Homicidios comenzó a investigar el caso tratando de encontrar al culpable del asesinato. Un mes más tarde, en el día de ayer, los investigadores lograron la detención de una joven meretriz de 18 años que, según testigos, la habían visto correr por la zona el día del crimen de Ruocco Longo. La joven, en una primera instancia negó conocer a la víctima, pero luego se quebró, y acabó por confesar.

Según el testimonio de la matadora, el hombre la había invitado a tener sexo y estaba dispuesto a pagar «un muy buen dinero por los servicios». La joven, dudando un poco, terminó por aceptar. «Cuando llegamos me arrepentí, no quería tener sexo con ese hombre, pero él se puso violento e intentó violarme. Yo estaba pasada de pasta base y alcohol, me violenté y lo apuñalé», explicó la joven que cuenta con antecedentes por hurto. Finalizada la actuación judicial, el juez penal de turno decidió procesarla con prisión por «homicidio especialmente agravado». *

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