Jovencitas obligadas a hacer fiestas sexuales bajo amenazas de muerte
Wilmar Marcelo Silvera Cardozo, el joven de 24 años había estado preso en los últimos siete años por una condena de varias rapiñas que arrastraba siendo menor de edad.
Tres meses atrás, al cumplir la pena, el individuo salió a la calle y se perdió de vista.
Tenía sed de venganza contra la comunidad y entonces logró conseguir un revólver de grueso calibre, para salir de cacería por las noches. Sus primeros pasos se encaminaron hacia el barrio del Cerrito de la Victoria.
Las víctimas resultaron ser dos jóvenes que, en la madrugada, salieron de un baile. Una de ellas estaba embarazada y ambas retornaban a su hogar, cuando «El Moneda», así conocido en el ambiente carcelario, les interceptó el paso en la esquina de Hum y Santiago Figueredo. Bajo amenazas llevó a las dos chicas a una canchita de fútbol, donde las obligó a desnudarse. Se metió en sus bolsillos el dinero y relojes de ambas y después sometió en reiteradas oportunidades a la más joven de las muchachas. Aún no satisfecho con ello, le exigió a la chica embarazada que se arrimara lo más posible a su amiga, porque quería verlas bien juntas. Estuvo 25 minutos observando y luego se fue.
Al día siguiente se quedó sin dinero y entonces ingresó a la carnicería de Guenoas y San Martín, de donde se llevó la recaudación, tras lo cual disparó dos veces su arma para que nadie lo siguiera.
Esa misma noche decidió atacar de nuevo y se dirigió al puertito del Buceo. En un descampado esperó agazapado hasta que vio a la parejita, ella de 17 y él de 18.
Saltó como una fiera y dejó electrizados a los dos jovencitos, quienes fueron literalmente arrastrados a los matorrales. La cruel historia se repitió en todos sus términos. Ambos debieron despojarse de sus prendas de vestir. El muchacho tuvo que permanecer boca abajo, mientras el depravado sometía a su novia. Luego, pidió que ambos se amaran en su presencia. Miró con atención varios minutos, se masturbó, y luego desapareció.
Funcionarios del Departamento de Homicidios no quisieron crear alarma pública y mantuvieron los casos, y otros, en absoluta reserva, mientas realizaban la investigación hasta que finalmente identificaron al autor de las aberraciones.
Fue así que en una vivienda de la calle Cotopaxi lograron sorprenderlo, desarmarlo y detenerlo.
La jueza en lo penal de 20º Turno dispuso su encarcelamiento por tres delitos de rapiña, dos delitos de violación y reiterados delitos de atentado violento al pudor.
La Policía no ha cerrado el caso ni mucho menos, pues se tiene la certeza de que «el demonio» sea también el responsable de otros tres hechos de idénticas características. *
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