Un tétrico relato del oficial de bomberos que fue encontrando los cuerpos calcinados camarote por camarote

El fuego devoró a los 10 tripulantes y a su capitán, cuyos cráneos estallaron

Para el inspector Celso Da Silva, jefe del operativo que se embarcó en un lanchón desde donde los efectivos lanzaron miles de litros de agua para apagar el fuego y enfriar el buque en llamas, «la tarea más ingrata la tuvimos que afrontar cerca del mediodía de ayer».

Da Silva relató que la alta temperatura fundió vidrios, aluminios e incluso dobló aceros, por lo cual hubo que esperar varias horas para poder ingresar, junto con oficiales de la Prefectura Nacional Naval, al primer nivel debajo del puente de mando, donde se encontraban varios camarotes, incluido el del capitán.

En primer lugar, relató Da Silva, se optó por entrar al segundo nivel en el cual existían seis camarotes. «En ninguno de ellos se encontró nada».

Ahora bien, la cruel escena se fue abriendo lentamente para los bomberos en el compartimento mencionado en primer término. Momentos antes con la ayuda de un traductor, uno de los tripulantes había dado pautas sobre las ubicaciones de sus compañeros en los distintos camarotes.

El oficial al mando confió estar estremecido porque lo primero que vieron fueron los restos calcinados de uno de los tripulantes desaparecido en un corredor interno.

«Presumimos que pudo haber sido el capitán del barco. De acuerdo a la forma en que se encontraron los huesos casi pulverizados, el infortunado hombre hizo un intento de correr hacía los camarotes para salvar a su tripulación».

En ese mismo sector se encontraron los restantes diez tripulantes completamente carbonizados. Estaban agrupados de a tres y cuatro en sus respectivos camastros. «El fuego los devoró cuando estaban durmiendo. Sus cráneos habían explotado».

Bomberos y marinos introdujeron en bolsas negras los restos de los tripulantes con su identificación correspondiente.

A las 15.42 los bomberos entregaron los restos de los tripulantes a oficiales de la Prefectura que llevaron las bolsas negras a la morgue.

El inspector Da Silva relató que en medio del operativo de rescate, se percibió una fuga de amoníaco de la sala de máquinas, la cual fue obturada rápidamente antes que se produjera una explosión. Asimismo se utilizaron detectores de metales y de pérdidas de gas para monitorear la situación en el barco siniestrado.

Aún se desconoce el origen del devastador incendio, Da Silva no aventuró ninguna hipótesis. «Es muy pronto, esto va a llevar días de investigación». También dijo, para sorpresa de LA REPUBLICA, «la tarea aún no terminó, pues no sabemos si aún quedan más cadáveres…».*

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