Camión robado fuera de control se incrustó en el dormitorio de una vivienda particular
En horas de la noche, alguien logró introducirse en la cabina de un camión de gran porte, que estaba estacionado frente al domicilio de su propietario.
El desconocido puso en marcha el vehículo y a toda velocidad, como alardeando de sus dotes de conductor, se alejó del lugar.
El robo de camiones en este departamento se ha vuelto lamentablemente, moneda bastante corriente. Los vehículos son, por lo general, utilizados para transportar mercaderías sustraídas, como ocurrió el mes pasado con un camión que fue capturado por la Policía después de haber trasladado bolsas de semillas finas robadas en la ciudad de Tarariras y muebles en un comercio de la ciudad de Colonia del Sacramento.
En el caso del camión palmirenses se desconoce aún que utilidad se le pensó dar por parte de quien lo «tomó prestado» y sus cómplices que, indudablemente, estaban esperando en algún punto del departamento o zonas limítrofes.
Amparado en la oscuridad nocturna, el camión robado se desplazaba a alta velocidad, como ocurre en algunas películas «de acción».
Todo parecía que iba saliendo «a pedir de boca», hasta que el chofer del rodado, al dar bruscamente una curva perdió el control del volante.
Ocurrió entonces que el camión, como un bólido sin control, enderezó derecho hacia una vivienda particular, contra la que se incrustó.
El improvisado chofer habría podido saltar antes de que el vehículo impactara contra las paredes, ya que «desapareció» de la escena del hecho por arte de birlibirloque.
El pánico se apoderó de la señora que en ese instante, se encontraba en su dormitorio, sentada en la cama leyendo una revista, y de improvisto se encontró con un camión enorme que sin pedir permiso «entraba» a su pieza y se detenía milagrosamente, a un metro de donde ella se encontraba.
«Me salvé de morir, es increíble», comentaba la mujer, todavía aterrorizada.
Los uniformados, a todo esto, siguen sin poder aclarar lo sucedido, aunque hubo detenidos en averiguaciones.
Pedía «para la Policía» y lo procesaron por estafa
Un hombre de 39 años, con antecedentes penales, decidió «hacer plata fácil» para resolver las dificultades económicas que lo aquejaban. El puso la idea y el «rostro» para enfrentar a la gente, y consiguió un socio que tenía un elemento fundamental para el negocio: una moto.
Walter Wilson Cabrera, que ya en 1989 había sido procesado por hurto, elaboró en forma casera pero «bastante prolija»- según las fuentes consultadas- unas libretas de bonos «de colaboración con la Policía y con las familias de los agentes».
Decidido a probar suerte, se acomodó en el asiento del acompañante y con su socio se dirigieron a las zonas de Media Agua y Picada Benítez.
Allí cabrera golpeó las manos respetuosamente en diversos domicilios, «explicó el noble motivo» que lo llevaba, y concretó la venta de varios bonos.
Asegurada la recaudación, se alejaron buscando otros prósperos destinos, mientras Cabrera le concedía un porcentaje de las ventas al conductor y le decía entre risas: «Viste, esto no falla, la gente en el campo es muy crédula». Sin embargo, hubo vecinos que desconfiaron y no adquirieron los bonos, y, por el contrario, pusieron sobre aviso a la Policía.
Personal de la Seccional 2ª de Rosario interceptó al dúo cuando se desplazaba próximo a la intersección de las rutas 2 y 61.
«Estamos dándole una mano, muchachos», intentó argumentar Cabrera, en el colmo de la audacia, pero los agentes conociendo el viejo truco, los condujeron a la comisaría en calidad de detenidos.
Puesto el caso a consideración de la Justicia, el magistrado resolvió procesar sin prisión a Cabrera, imponiéndole como medida sustitutiva presentarse en la comisaría de Juan Lacaze -donde reside- durante dos meses. El motociclista quedó en libertad. *
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