Compraba palmeras del ornato público para exportarlas a compradores europeos
El forastero, a bordo de un moderno vehículo, llegó a un establecimiento de campo cercano a la ruta 106, en jurisdicción de Colonia Miguelete, y pidió hablar con el dueño de casa.
Cuando éste apareció, el recién llegado le planteó en pocas palabras un negocio: «Le compro seis de las palmeras que usted tiene allá adelante, a un costado de la carretera».
Ante la sorpresa del productor rural, su interlocutor le explicó que él recorría distintas zonas del país en esa tarea –en representación de otros «interesados»– y que estaba dispuesto a pagarle muy bien por las palmeras porque estaban destinadas a ser sacadas del país, con destino a compradores europeos muy «importantes». Se pusieron de acuerdo en la cifra, y el intermediario, en una demostración de que «esto es todo limpio, mi amigo», le extendió un recibo. Acto seguido fueron hasta la ruta y el dueño del campo se encargó de arrancar las palmeras adquiridas. Un llamado telefónico alertó a la Policía de la zona de lo que estaba ocurriendo, y de inmediato varios agentes se presentaron en el lugar y evitaron que el desconocido concretara su operación comercial.
Puesto a disposición de la Justicia, el productor dijo estar convencido de que esas palmeras eran parte de su predio, aunque claramente se sabe que tanto esas como las que bordean un largo tramo de la ruta nacional Nº 1, son elementos del ornato público y hay disposiciones que prohíben ya no arrancarlas, sino agredirlas con carteles u otro tipo de propaganda que se clave en sus troncos.
No hay, hasta ahora, resolución del magistrado, porque se sigue investigando qué ramificaciones hay detrás de esa «exportación no tradicional». *
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