Nadie sabe quién le entregó el revólver al recluso abatido por la Policía en San José
La Jefatura queda en calle Oribe, entre Asamblea y Batlle y Ordóñez.
El delincuente con su rehén siempre cautivo tomó por Asamblea, dobló sin cruzar ninguna calle por Dimartino y volvió a virar por la misma manzana, ahora en la esquina que conduce a calle Batlle. En ese momento, un conocido profesional maragato llegaba a su casa en su coche particular. El delincuente le amenazó con el arma también y le exigió que condujera en su intento de fuga.
El vecino, inteligente, y afortunadamente, entregó las llaves del coche sin oponer resistencia alguna y rechazó la «invitación» de subirse al vehículo. Entonces el reo encaró al policía y le ordenó que piloteara el coche. También fue astuto el policía en la desesperada situación: le dijo que no sabía manejar.
El delincuente se encontró así ante la disyuntiva que al fin le perdería: intentar conducir él mismo el auto. Así que en cuestión de segundos metió al oficial dentro del coche, a la vez que se ponía al volante –todo sin soltar el revólver–; en eso se produjo un forcejeo con el rehén, el arma se disparó, aparentemente una bala rebotó por el auto e hirió al efectivo policial (que ahora se encuentra bien), en un brazo.
Entonces los policías que habían seguido la escena (varios que estaban en la comisaría y otros que habían ido llegando), no esperaron más: tirotearon al maleante y uno de esos proyectiles le atravesó la sien izquierda, acabando con su vida en forma instantánea. Con el cuerpo del delincuente muerto tirado en plena calle durante varios minutos parecía haber terminado esta historia, de la que aún hoy habla todo San José por la violencia que implicó y el peligro inminente que corrieron todos los ciudadanos que andaban por allí.
Algunos testigos (por ejemplo el personal que atiende una farmacia ubicada en Batlle y Dimartino, donde se desarrolló la balacera), pensaron primero, al ver al delincuente caminar con los pies encadenados, vestido de naranja y con un revólver en la cabeza de un policía (que además conocían), que se trataba de una especie de broma.
El arma
El arma utilizada por el delincuente, que en un primer momento se pensó había arrebatado al mismo policía que «raptó», no era un arma policial.
LA REPUBLICA pudo confirmar este extremo, aunque hasta el momento oficialmente, ni desde la Jefatura de Policía de San José (encargada de aclarar el enrevesado caso junto con la Justicia), ni desde el Penal de Libertad, han emitido información al respecto porque, justamente, se está en etapa de investigación. De todas maneras, la pregunta que preocupa particularmente a los investigadores y a las jerarquías policiales a cargo es esa: ¿de dónde sacó el arma el recluso? ¿La trajo consigo desde el Penal? Parece improbable dada la exhaustiva revisación a que se somete a los delincuentes antes de abandonar el perímetro penitenciario.
¿Se la «pasaron» entonces en alguna parte del trayecto que va desde Libertad a San José? (aproximadamente unos 45 kilómetros). El recluso muerto no era el único que declaraba en la Seccional 2ª en el momento en que se desencadenó el intento de fuga. Otros dos estaban junto a él e, inclusive, trascendió que uno de esos dos también hizo amague de intentar fugarse, pero en el último segundo abandonó la idea y se quedó en el edificio policial. Así que parece que este episodio fue planificado y que necesariamente, el ahora occiso tuvo que contar con algún cómplice (alguien le tiene que haber entregado, en el Penal o fuera de él, el revólver).
Esto agrava una situación que ya de por sí era muy preocupante.
Trascendió que este es el punto que los investigadores y la Justicia apuntan a esclarecer, que buscan implicaciones y responsables directos de lo que podría haber sido una masacre, sin dudas, el miércoles 30, a las 4 de la tarde, en pleno centro de la ciudad de San José. *
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