De cómo Sarandí Grande muta del día sereno a la noche fuera de todo control
Es muy difícil encontrar voces que lo digan, de hecho es casi imposible. «Pero sin embargo algunos hemos encontrado» confirmó a este medio el actual comisario de Sarandí Grande, Walter Alfredo Muñoz.
Las voces de las mujeres no lo dicen. Las paralelas de los propietarios tampoco. Los que usufructúan el servicio clandestino menos. Todos parte interesada de un negocio que desbanca a los establecidos legalmente y que de hecho ha creado la guerra entre ambas partes.
«Sos una loca, estás sacándonos el laburo a nosotros, puta» le gritaron dos prostitutas de Whiskería La Bomba a una de las chicas que aparentemente «trabaja» en el Boliche García, a unos cincuenta metros del prostíbulo local.
«Yo misma estaba en el hospital una mañana en que llegó toda descalabrada una de las mujeres que trabaja en el boliche de García. Llegó a atenderse y no podía ni caminar, al poco rato las enfermeras comentaron que venía toda podrida…» dice una de las testigos que logró entrevistarse con este medio.
Guerra entre chicas
La guerra entre las mujeres que trabajan en los bares de la noche sarandiense y las prostitutas establecidas legalmente en «La Bomba» no es de ahora ni es patrimonio exclusivo de la ciudad. Pertenece a Florida, donde los colegas del diario El Heraldo han dado cuenta de la situación.
Es una situación muy difícil de investigar «porque las mujeres no trabajan allí, en el lugar, sino que salen para afuera en autos o a casas de los hombres. Y porque para los dueños de los bares no hay impedimento alguno de que una mujer esté en su bar y concrete una cita con un hombre. Es natural y es su defensa» nos dice la fuente policial, una de las que trabaja en el caso.
Las barras de muchachos que preparan las despedidas de solteros van a buscar allí mujeres. Y el hombre que atiende piensa en costos y en servicios. Esa noche es entre semana y no tiene mujeres, llegan el viernes desde Florida.
Entonces la barra se cambia de bar (porque en Sarandí hay cuatro al menos que trabajan en tal sentido) y encuentra en otro barrio. «Tengo unas mujeres que son de Isla Mala y están buenísimas» oferta desde la propia puerta de su bar el nuevo propietario.
Es tan abiertamente que se realiza todo que cuesta creerlo que no se pueda comprobar, con pruebas que conduzcan con éxito hacia la Justicia, la veracidad de los casos.
«Lo que pasa que cuando llega la Policía o el INAU para ver si hay menores los dueños de los bares ya saben, porque los propios milicos les avisan. Hay por lo menos dos policías que avisan cuando van a venir, entonces esa noche no hay mujeres trabajando ni menores en las barras de los bares» dice la fuente que prefiere mantenerse en el anonimato y que dice saber los nombres de esos guardiaciviles que «informan».
La Policía de Sarandí Grande está trabajando en el caso y por ello es preferible no aportar datos al respecto, informa el comisario local que desde hace un mes se desempeña al frente de la Seccional 4ª de Policía. «Estamos cerca, quizás en dos semanas más tengamos novedades» advierte. *
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