Lavraga continúa sin aparecer, sumergido en un mar de misterio

Mientras buscan al skinhead salen a la luz clanes y tribus

Pablo Lavraga, trabajador portuario desde hace años, desapareció como por arte de magia desde el mismo día en que fue brutalmente golpeado Damián Strata, vocalista de la banda de punck rock, Split7th.

«Es como si se lo hubiera tragado la tierra», dijeron los amigos de Lavraga, cuando fueron interrogados por los agentes policiales.

Las versiones sobre su paradero son numerosas. Muchos aseguran que se encuentra en Argentina, ayudado por un grupo neonazi que opera en la vecina orilla bajo el nombre de «Legión Negra». Otros, juran que se oculta en Montevideo, y que se mueve de un lado al otro, utilizando como refugio las casas de los miembros del grupo skinhead que él mismo lidera. Algunos, menos optimistas, dijeron a LA REPUBLICA, que «antes de entregarse se mata», posibilidad que es estudiada por la Policía.

En el ambiente metalero, Pablo Lavraga es conocido como «Pablo Van Lagat», nombre que adoptó al ingresar al «mundo» neonazi.

El prófugo de la Justicia, al igual que su víctima Damián Strata, fue voz y bajo de una banda rockera; la Inner Santum. Hasta el día de su misteriosa desaparición era el cantante del grupo Senda Negra, una banda metalera que acostumbra a tocar en boliches y sótanos de la Ciudad Vieja.

Un mundo que no vemos

El sur de Montevideo es una especie de submundo donde se refugian numerosos clanes y grupos, desde «metaleros», hasta «planchas», pasando por punck’s, skinhead’s, redsikinhead’s, dark’s, vampiros, stones y otras casi desconocidas agrupaciones.

Cada clan comparte con sus pares la forma de vestir, los gustos musicales y hasta la manera de comportarse ante la sociedad.

Mientras los metaleros pasan la noche escuchando música «pesada» y cabeceando al ritmo de la misma, los dark’s y los vampiros, prefieren caminar en la oscuridad, y disfrutar de las viejas casas semiderrumbadas que adornan la zona sur.

Los «Planchas», bailan al ritmo de la cumbia villera que generalmente proviene de algún automóvil con grandes parlantes que estacionan en las esquinas más vistosas. Los skinhead’s, mientras tanto, se reúnen en lugares secretos, a planear cómo desactivar a las demás agrupaciones que «molestan» con su forma de vida.

Pablo Lavraga es el jefe de uno de esos grupos. Armados con bates de béisbol y con cadenas, deambulan por callejones oscuros, buscando algún punck, o algún plancha a quien golpear con saña y asi «hacerlo entender de que está equivocado, y que el único poder es el de los skinheads».

Los skinheads, siempre totalmente rapados, visten de negro y llevan cordones y tiradores blancos, muestra de supremacía del blanco sobre el negro. Los redskinhead’s, son «hermanos» de los skinheads, pero no buscan confrontaciones con nadie, y se mantienen alejados de la violencia.

Un mundo, casi desconocido para la mayoría de nosotros, que vive y muere, dentro de nuestro Montevideo. *

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