El Pinar rodeado de policías que buscan a los asesinos del chofer
Edward Cal, de 26 años, padre de una bebé de 10 meses, cuya esposa espera su segundo hijo, era guarda-conductor de la compañía de transporte urbano y suburbano Raincoop, en el único recorrido que tiene dicha empresa hacia la Costa de Oro, el 221 con destino a Solymar.
El caso comenzó cuando el joven trabajador del volante partió a las 23.15 del martes desde la Terminal Río Branco para realizar la última vuelta del recorrido y dar fin a su turno de 8 horas, debiendo entregar el coche y la recaudación próximo a la 1.30 de la madrugada del miércoles 15, en Montevideo.
Ante la demora, ya que tenía una impecable foja de servicios, se activó de inmediato un operativo de búsqueda a cargo de sus propios compañeros y la Policía.
El resultado de la misma fue el hallazgo del ómnibus y en su interior, en el pasillo, el cuerpo sin vida de Edward Cal, a las tres de la madrugada en la intersección de las calles Machado y Río Negro, en la zona de Pinar Sur. El vehículo había sido abandonado próximo a la playa, a unos 4 kilómetros del destino del recorrido de dicha línea: el kilómetro 25.500 de avenida Giannatassio.
«Me despedí, le dije hasta mañana y el me respondió el saludo, mientras se quedó terminando la planilla de control. Después que bajé cerró la puerta», manifestó un vecino de la zona que fue la última persona que lo vio con vida.
Las averiguaciones en marcha están a cargo de la Dirección de Investigaciones, cuyo comando todavía no ha podido identificar a los responsables del crimen. Los efectivos trabajan en la hipótesis del hurto, dado que al trabajador le quitaron el dinero de la recaudación (unos $ 8 mil).
Conexión con otros crímenes
El Jefe de Policía de Canelones, inspector general Luis Pereira Roldán, informó a LA REPUBLICA que «está impedido de dar detalles» acerca de la investigación, ya que «la situación es muy delicada». El jerarca manifestó que «todo hace pensar que el móvil fue el hurto de la recaudación», aunque la Policía y el juez actuante, hasta el momento, no han descartado ninguna hipótesis.
Se sospecha que los homicidas pueden ser de El Pinar, ya que allí dejaron el ómnibus, y por tal motivo se «peinará» toda la zona buscando el arma utilizada para consumar el asesinato, que es el puntapié inicial para el resto de la investigación. El Pinar está en una suerte de estado de guerra silenciosa, en virtud de que decenas de funcionarios de Investigaciones vestidos de particular buscan pistas que ayuden a esclarecer el hecho, según informaron fuentes policiales.
Consultado acerca de una posible conexión entre este homicidio con los ocurridos tiempos atrás, donde dos taxistas perdieron la vida de manera similar, ya que ambos fueron ultimados con sendos disparos de pistola del mismo calibre y «a boca tocante» (es cuando queda la marca de la punta del caño de la pistola en la nuca de la víctima), el jerarca máximo canario a nivel policial expresó a LA REPUBLICA que «pueden haber conexiones, pero eso hace parte de la investigación que estamos desarrollando».
Vale la pena recordar que dichos trabajadores del volante fueron ejecutados, Gerardo Rizzolo, el pasado 4 de julio en Solymar, y Julio Benítez, el 2 de setiembre en el barrio Abayubá. En ambos casos no se pudo dar con los culpables, aunque fueron indagados varios sospechosos. Por su parte, los trabajadores del transporte responsabilizan al gobierno por «la insensibilidad» demostrada ante sus reclamos de mayor seguridad. Pidieron «medidas urgentes» porque no se puede esperar más.
«Esos asesinos que tiraron del gatillo rompieron una familia», declaró indignado Marcelo Lombardi, integrante del gremio de los trabajadores del transporte (Unott), durante el sepelio del infortunado conductor realizado en el Cementerio del Norte. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad