Un efectivo de Coraceros fue el autor del disparo en el Estadio Centenario

El disparo de escopeta en el Estadio Centenario que quitó la visión a un hincha de Nacional fue un efectivo de la Guardia de Coraceros, del Regimiento Guardia Republicana, y no un efectivo de la Guardia de Granaderos como se informó desde Jefatura.

Fuentes judiciales y policiales confiaron a LA REPUBLICA que las investigaciones aún en curso ya permitieron esclarecer que el autor del tiro de escopeta con cartucho de balas de goma que lesionó los ojos del hincha de Nacional en la Tribuna Amsterdam fue un efectivo de la Guardia de Coraceros, y no de Granaderos. El Coracero disparó desde atrás de una fila de 12 efectivos de Granaderos que estaban sobre la boca de salida de una de las escaleras de la tribuna. La autoría del tiro eximiría de toda responsabilidad al mayor Tabaré Gordiola, jerarca de la Guardia de Granaderos que tenía a su mando la seguridad en el exterior. El mayor Gordiola había sido mandatado a intervenir por una orden verbal del inspector mayor Romanelli Sosa Paipo, miembro del Estado Mayor General de Jefatura, quien tenía a su cargo todo el operativo de seguridad, tanto dentro como fuera del Centenario.

Gordiola ingresó al estadio con dos equipos de Granaderos, con 12 efectivos cada uno, para rescatar a los efectivos de su Guardia que habían quedado atrapados, sin escudos, en medio de la multitud, muchos de los cuales resultaron con varias heridas en sus cuerpos.

Detrás de la fila de los 12 granaderos que permaneció en la boca de la escalera, estaban los lanzadores de cartuchos con gases, y en una tercera fila estaban los tres francotiradores que integraron el equipo. Ninguno disparó un solo tiro. Sólo actuó el coracero. Aún se ignora de quién recibió la autorización para efectuar el disparo. El hincha recibió en el rostro una perdigonada de balas de goma desde una distancia de cinco metros.

El Manual de Operaciones establece que las escopetas sólo pueden ser accionadas desde una distancia mayor a quince metros, y nunca contra el rostro, el tórax, ni contra la espina dorsal, y únicamente para dispersar tumultos. *

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