Alivio a nivel local por aclaración de versiones maliciosas

Caso del turista alemán en Colonia:el culpable vino desde Argentina

Toda una primera ola de versiones, surgidas de ignotas «usinas» pero que en algunos ámbitos encontraron fácil propagación, dio por laudado que GLL, de 40 años, ahora recluido en la cárcel de Piedra de los Indios, sería alguien de la sociedad local. La investigación dejó aclarado que efectivamente es un ciudadano uruguayo, pero su único vínculo con Colonia fue como visitante ocasional.

El cuanto al adolescente alemán, se sabe que es hijo de una familia influyente que también reside en la vecina orilla. El jovencito, a través de Internet, se enteró que ofrecían un curso de buceo y se puso en contacto con el docente, ilusionado con incorporar la mayor información posible, teórica y práctica, de ese deporte.

En compañía de otros dos menores -con autorización de sus respectivas familias- y del profesor GLL, cruzaron en velero el Río de la Plata y se instalaron en Colonia del Sacramento, donde realizarían prácticas en una cantera.

Recorrieron la ciudad y aledaños, hasta que el caer la noche -en medio de un clima de cordialidad y algarabía que en nada hacía presagiar «algo malo»- el adulto primero convenció a dos de los menores para que se quedaran a dormir en la embarcación, y luego, a quien a la postre sería su víctima para que lo acompañara a un lugar apartado del puerto de yates, en un hospedaje «donde estarían más cómodos».

Se alojaron en una habitación del hotel «Bahía», sobre la céntrica avenida General Flores, frente a la plaza 25 de Agosto. Horas después la calma del establecimiento se vio alterada por gritos estridentes que provenían de dicha habitación. Se llamó al servicio de emergencia policial 911 y agentes de la comisaría primera arribaron al lugar y escucharon el testimonio del jovencito alemán, quien dijo -y así lo consigna el comunicado policial número 134.04- «haber sido objeto de abuso sexual por parte de un mayor (de edad) de 40 años».

El detenido, luego de ser interrogado, admitió su responsabilidad y al día siguiente -como se informó- el juez lo remitió a la cárcel departamental.

 

Usina de versiones

En medio del habitual hermetismo oficial y con el caso «en caliente», una usina de versiones hizo de las suyas en Colonia. Algunos atribuían la condición de «locatario» al agresor (la Policía se limitaba a presentarlo como «oriental»), otros echaban sombras sobre otro hotel también céntrico, a tal punto que el dueño debió acudir a una radio local para aclarar la situación. Hasta ahora se pregunta «¿quiénes y por qué apuntaron contra nosotros?». En ese marco, para los medios informativos el tema directamente no existía. *

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