PROMETE ENCADENARSE EN LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA HASTA QUE LIBEREN AL HERMANO

El "jefe de la Banda Gastronómica" estuvo preso 8 meses: era inocente

Durante los primeros meses del corriente año una ola de asaltos perpetrados contra restaurantes y estaciones de servicio azotó los barrios de Punta Carretas y Pocitos. Según la investigación policial se podía tratar de una banda compuesta por tres o cuatro integrantes que fuertemente armados, irrumpían en los locales comerciales reduciendo a empleados y clientes llevándose en varias ocasiones importantes sumas de dinero. Con los datos confidenciales aportados por un efectivo perteneciente a la Jefatura de Montevideo, se llegó a la conclusión que dos ex policías y el hermano de uno de éstos formarían parte de la feroz gavilla de asaltantes. Fue así que el ex policía Juan Ferreira, su hermano Néstor y el también ex policía Juan González fueron detenidos y conducidos ante el juez como presuntos responsables de los atracos.

Según el denunciante, sin pruebas y sólo con el reconocimiento parcial de una de las víctimas, el juez Homero Da Costa los procesó y fueron remitidos a prisión.

 

Un rapiñero que no puede serlo

Ocho meses después y tras una apelación de la abogada Patricia Pérez Jones, los dos ex policías fueron puestos en libertad, recibiendo como recompensa un «disculpen, nos equivocamos». Pero de los tres que ingresaron a prisión salieron solamente dos. Néstor Ferreira, a pesar de haber sido declarado inocente del asalto a un conocido restaurante de Pocitos, fue hallado culpable de una rapiña ejecutada contra una estación de servicios de Punta Carretas.

Juan dice estar seguro que su hermano es inocente. Una pericia siquiátrica arrojó como resultado que Néstor Ferreira es incapaz de participar en una rapiña, ya que tiene un «trastorno psiquiátrico crónico grave» que le impediría pararse frente a alguien con un arma en la mano sin comenzar a temblar y tartamudear al punto de perder el control de la situación, ya sea desmayándose o escapando del lugar sin mediar palabras.

 

Inexplicables irregularidades

Según Juan Ferreira, el procedimiento estuvo mal desde un principio. El juez Da Costa se pasó 9 horas y varios minutos en dictar sentencia, ya que lo hizo a las 57 horas y media de haber sido detenidos, cuando la ley indica que si a las 48 horas de haber sido apresados no son procesados, los sospechosos recuperan automáticamente la libertad. Otro de los puntos fundamentales que inclinaron la balanza para el lado de los ex policías fue que, según varios testigos, los asaltantes del restaurante eran dos, mientras que el juez, sin tomar esto en cuenta, procesó a los tres, alega Ferreira. En la carátula firmada por el magistrado figuran, entre otros, el procesamiento por el artículo 186 (que en el Código de Proceso Penal corresponde a «confesión»), pero, según Ferreira, ellos siempre se declararon inocentes y jamás aceptaron haber participado en una rapiña.

 

Con cadenas en la Suprema Corte

Ocho meses presos -o 256 días (desde el 12 de marzo al 17 de noviembre del corriente año)-, no lograron que los ahora reconocidos inocentes bajaran los brazos. En pocas semanas presentarán pruebas de su injusto encarcelamiento ante la Suprema Corte de Justicia como puntapié inicial a una demanda que tienen prevista realizar.

Aunque aceptan estar interesados en los provechos que pudieran sacar de la demanda, confiesan que su principal objetivo es «abrirle los ojos al juez» y que se dé cuenta que «Néstor Ferreira es tan inocente como ellos, y que está viviendo horas muy amargas dentro del penal injustamente». «Si el magistrado actuante no mueve la carpeta y acepta las pruebas que tiene ante sus ojos que demuestran que mi hermano es inocente me voy a encadenar en la Suprema Corte y no voy a salir hasta que Néstor recupere la libertad, estoy dispuesto a hacerlo y nadie me lo va a impedir, mi hermano es inocente y tiene que estar junto a nosotros cuanto antes, nunca pertenecimos a una banda, eso ya quedó comprobado, ¿por qué no aceptan las cosas como son?, si ya se demostró nuestra inocencia ¿por qué le buscaron un delito a mi hermano?, se pregunta visiblemente molesto Juan Ferreira.

Una historia que no acaba; a pesar de su alegría por haber recuperado la libertad antes de las fiestas de Fin de Año -algo que parecía poco probable en un principio-, los ex agentes mantienen la angustia de no haber ganado completamente, ya que uno de la «pandilla» (y no de delincuentes sino de amigos), todavía está privado de su libertad. *

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