Se reunirán el próximo lunes

Ministro Daniel Borrelli coordina con Leslie Van Rompaey tareas conjuntas

En esferas judiciales causó impresión el hecho de que siete individuos acusados por robos y rapiñas fueron dejados en libertad en un mismo día, pese a que la Policía había reunido pruebas y varios damnificados los reconocieron. En uno de los casos, dos magistrados no se pusieron de acuerdo y el ladrón se fue para la casa.

Seguramente se tratarán cuatro episodios ocurridos en el día de ayer que provocaron asombro tanto en la judicatura como a nivel policial.

El primero de los casos corresponde a un procedimiento realizado por el departamento de Hurtos y Rapiñas.

Con datos fehacientes, los efectivos detuvieron a un hombre de 34 años quien podría ser el responsable del hurto y posterior desmantelamiento de una camioneta encontrada en el Cerrito.

El detenido negó rotundamente su autoría, aunque esto no convencía demasiado a los investigadores.

Con la ayuda de Policía Técnica se comparó las huellas dactilares del detenido con las encontradas en el interior del vehículo. Eran idénticas.

Con las pruebas en la mano, el hombre fue enviado a la Justicia.

El juez de turno que atendió el caso cortó las palabras del efectivo policial que presentaba al detenido diciendo: «Pare, pare. El caso no es mío, se lo tiene que pasar a la jueza que fue quien atendió el caso en una primera instancia. ¿De acuerdo?

El responsable del detenido lo trasladó hacia la jueza, quien no tardó en decir: «Yo ya dicté 3 sentencias sobre este caso, lo tenía que haber resuelto el otro juez, no yo».

Y el efectivo, ya cansado, volvió al magistrado quien repitió: «Ya dije que el caso no es mío»

«Pero es que el otro juez ya dio tres sentencias», murmuró el policía.

«Bueno está bien, que quede en libertad, se puede retirar», sentenció el juez.

El revólver y la campera

El departamento de Automotores detuvo a un joven de 20 años autor de dos rapiñas. En una de ellas se apoderó de una campera y en la otra de un revólver calibre 38. Los efectos fueron encontrados junto al rapiñero, por lo cual los efectivos no demoraron en llevarlo ante el magistrado de turno.

Tras la presentación formal de las pruebas, el juez ordenó: «Devuelvan los efectos robados a sus respectivos dueños. El muchacho que se vaya en libertad».

Los efectivos no lo podían creer.

Eran sólo pollos

Efectivos policiales que patrullaban en el Centro, acudieron al llamado de una Pollería en donde supuestamente habían rapiñado. Al llegar al lugar una nerviosa empleada les comentó lo sucedido.

«Entró un joven que no tendría más de 25 años, me apuntó con un arma y me gritó: ¡dame la guita!. Yo le contesté: ¡otra vez vos!, y él me dijo: ‘sí, yo otra vez y me vas a volver a ver, esta no va a ser la última’. Le di el dinero y se fue corriendo».

Con la descripción del sospechoso los efectivos recorrieron la zona, avistando al delincuente en el cruce de Canelones y Ejido. Una vez detenido, la empleada lo reconoció en el acto.

El joven fue trasladado en presencia de la Justicia que dispuso su libertad.

Seguramente volverá a visitar a los pollitos.

«Que se vayan con sus padres»

El último de los casos, y para completar el extraño panorama, ocurrió cuando el grupo «Puma» detuvo a cuatro menores cargando un sinnúmero de electrodomésticos y utensilios de cocina.

Al ser detenidos aceptaron su participación en el hurto perpetrado a una finca de la Aguada.

Los menores fueron conducidos en presencia del juez competente.

Los efectivos contaron el caso e hicieron hincapié en que la detención fue a minutos de perpetrado el hurto.

El juez, al terminar la audiencia y con voz firme dijo: «Bueno… que los menores sean entregados a sus padres y que las pertenencias sean devueltas a sus dueños». *

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