Del pulgar al ADN

El sistema de identificación personal por medio de la huella dactilar es, probablemente, uno de los más antiguos que existen. Se utilizaba hace miles de años en algunos países asiáticos, como China y Corea, a modo de rúbrica, para cerrar un trato. Pero su aplicación en la actividad policial no se produjo hasta mucho más tarde, en 1891, cuando un oficial de la Plata (Argentina) lo utilizó como prueba en un caso de homicidio. A partir de entonces se convirtió en uno de los métodos de identificación personal más fiables, y se aplicó de forma rutinaria para elaborar reseñas policiales y poder identificar a posibles sospechosos.

Con el tiempo, los avances en el campo de la inmunología permitieron el desarrollo de otros sistemas de identificación personal, como el de los grupos sanguíneos, descubierto por Leinsteiner en 1900. Se basa en la presencia de diversos antígenos en la sangre, que determinan cuatro grupos sanguíneos diferentes: A, B, AB y O (en el caso del O, no se detecta la presencia de ningún antígeno). Sin embargo, dan poco juego, concretamente sólo cuatro posibilidades.

Más tarde, el propio Leinsteiner y otros investigadores fueron describiendo nuevos sistemas, como el Human Leukocyte Antigens (HLA), descubierto en 1958 por el hematólogo Jean Dausset. Se trata de una serie de proteínas existentes en las membranas celulares que facilitan la acción del sistema inmunológico ante agresiones de agentes externos. El HLA es uno de los sistemas más polimórficos que se conocen en el hombre, por lo que permite determinar la identidad de un individuo casi sin margen de error.

Sin embargo, el gran paso han sido las técnicas de análisis del código genético, que permiten extraer y «leer» fragmentos de la molécula de ADN. Las más utilizadas en la investigación policial son el método Southern, o de la huella genética, y la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). El primero permite aislar y determinar con precisión distintos fragmentos de ADN, es decir, secuencias concretas de genes, a partir de cualquier tipo de muestra biológica que contenga células con núcleo. El problema reside en que requiere una cantidad mínima de muestra, en buenas condiciones. En cambio, la PCR amplifica el material genético disponible, por lo que permite identificar a un individuo a partir de una cantidad ínfima de muestra, aunque presente signos de degradación o tenga miles de años. Esta técnica hizo merecedor del Premio Nobel a su descubridor, Kary B. Mullis.

En los últimos años se ha incorporado la técnica del ADN mitocondrial, que consiste en extraer la información genética de las mitocondrias que contiene el citoplasma de la célula. Esta técnica ya se utiliza en España y se emplea cuando el ADN que existe en el núcleo celular es muy limitado o se encuentra en muy malas condiciones. También permite establecer relaciones de parentesco por la vía materna. *

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