Otro drama por armas en casa
Cuando los ecos del drama vivido en Cerrito de la Victoria el domingo pasado, donde un niño de 12 años mató de un balazo a otro accidentalemente no lograban extinguirse en el colectivo social, otro estampido sacudió a la sociedad. Una vez más la presencia de un arma al alcance de los menores derivó en una tragedia. En el caso del Cerrito el niño encontró una pistola calibre 22 en una maceta y, mientras jugaba con su hermana y un vecinito de tres años, disparó el arma y de un balazo en el abdomen sesgó la vida del pequeño.
Ayer el drama se trasladó a la zona del Cerro. La información a la que accedió LA REPUBLICA de fuentes policiales indica que fue a las 16 y 30 que Manuel Soares se encontraba en la casa de sus tíos ubicada en Continuación Perú 2533. Estaba solo. En el cajón de un mueble de la finca había un revolver calibre 22 y todo indica que el muchacho tomó el arma y se pegó un tiro en la cabeza.
Y ahí la duda. Fue un accidente o hubo intención de quitarse la vida. Lo cierto es que la Policía no halló en la casa ninguna carta que indicara que había decidido autoeliminarse. Manuel era oriundo de Tacuarembó y desde hacía un año vivía con sus tíos. Concurría al liceo Bauzá.
Según las fuentes no tenía problemas ni de conducta ni de aprendizaje. Cuando llegaron los tíos vieron al joven y sin perder tiempo lo trasladaron al Centro Coordinado del Cerro.
Pero allí constataron que Manuel ya había muerto por un impacto de bala en el parietal derecho. En la casa donde ocurrió la tragedia se hicieron presentes funcionarios de la Seccional 24ª, de Policía Técnica y el magistrado actuante.
Armas sin control
El caso del Cerrito de la Victoria impuso nuevamente el debate sobre la presencia descontrolada de armas en poder de los uruguayos. El Ministerio del Interior tiene registradas más de 500 mil, pero estima que son más de un millón las que existen en el «mercado». La secretaría de Estado anunció una serie de medidas para controlar esta situación, tal como la exigencia de mayores requisitos a la hora de otorgar la tenencia a las personas.
Y uno de los principales ejes de la discusión o el análisis sobre esta realidad es el estado de indefención en la que se encuentran los menores con respecto a este tema.
En los últimos meses ha habido una sucesión de hechos en lo quedó en evidencia el fácil acceso de los menores a las armas. Sin contar estos dos episodios mortales, ha habido en Montevideo y Maldonado dos casos.
Un liceal amenazó dentro del establecimiento al que concurría en la capital a un compañero con una pistola para que le diera la merienda, y en Pan de Azúcar un niño de quinto año de escuela amenazó con un cuchillo a una compañerita.
Ahora en Paysandú
El más reciente de estos episodios en los que las armas, los niños y los centros educativos como catalizadores de este contexto son los protagonistas, ocurrió en Paysandú. Un muchacho le robó el arma al padre que tenía arriba de una mesa, la cargó en la mochila y se la llevó a clases.
No hubo sangre, pero la línea ente lo que no fue y lo que pudo haber sido es difusa. La información oficial indica que el adolescente mostró el arma a sus compañeros y esto llegó a las autoridades educativas, que a su vez dieron cuenta a la policía. Los funcionarios sanduceros se presentaron en el local y recuperaron el arma del interior de la mochila. Pero este caso además encierra otro hecho. El arma a la que accedió el joven había sido robada por su padre del juzgado en el que trabajaba, para uso personal. El juez Penal de 4º Turno, Ricardo Míguez, dispuso ayer el procesamiento sin prisión de IATC de 42 años por «un delito de hurto».
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