El centro penitenciario de Paysandú está considerado un modelo para todo el país
Como estaba previsto se llevó a cabo la visita anual de Cárceles por parte de los doctores Daniel Gutiérrez e Hipólito Rodríguez Caorsi. Los magistrado recibieron la solicitud de libertad de siete reclusos, de los cuales a dos se les otorgó la libertad, quedando uno de ellos con arresto administrativo dentro del recinto carcelario ya que el mismo es ciudadano argentino, y hasta tanto no se cumplan los requisitos de las gestiones pertinentes para su traslado a ese país por encontrarse fugado desde otro local penitenciario.
El jefe de Policía del departamento, inspector mayor (r) Jorge Santos, integrantes del Comando de la Jefatura de Policía, los jueces penales, fiscales, y el director de la Cárcel, comisario Jesús Pereira. Se invitó por parte de las autoridades locales a efectuar una recorrida por el establecimiento que comprendió la visita al patio de recreo, el parque construido especialmente con juegos para los hijos de los reclusos en el horario de visitas, y para niños que se encuentran con sus propias madres en el instituto. Los pabellones de hombres y mujeres que cuentan todos con televisores a color y el sistema de cable, donde los propios presos han hecho los correspondientes tendidos, empotrado en cada cucheta los enchufes del suministro de energía eléctrica y toda la pintura con impecable estado de conservación, higiene, ventilación. Frente a este hecho los ministros manifestaron que («es admirable todo lo realizado en este sector, es una forma de esparcimiento sano, recreativo, informativo y además instructivo»). La visita continuó por los talleres de carpintería, donde es una de las metas de las autoridades carcelarias más importantes de mejorar día a día. Primero para que el detenido pueda desarrollar su capacidad en ese trabajo que él va realizando, y cuyo producto vende para sustentar sus necesidades, o las de su familia. Esta tarea es fundamental porque al estar ocupado se le hace más llevadera la estadía. Además en un mañana lo aprendido en los talleres les puede servir para reinsertarse en la sociedad. Continuando con la recorrida por el pabellón de mujeres donde realizan todo tipo de manualidades, taller de talabartería, salones donde se brindan clases de primaria, secundaria, y computación, salones de juego (ajedrez, damas), tratamiento psicológico por parte de profesionales que concurren semanalmente, sala de meditación. Los baños con duchas de agua caliente y fría. La biblioteca es administrada por los reclusos con el material que es donado (formalmente los reclusos solicitaron a LA REPUBLICA por nuestro intermedio, libros, material de lectura). Ellos se encargan de la distribución, llevan las fichas correspondientes en la computadora de lo prestado.
El buen comportamiento de los internos es fundamental. Cuando lo deseen pueden compartir con su pareja una íntima relación en una habitación especialmente preparada, que cuenta con todo el confort, estufa, decoración, murales, totalmente separada para preservar con total respecto ese momento tan íntimo, y afectivo.
Los propios presos trabajan, producen y cocinan sus alimentos de la huerta policial. La cocina azulejada totalmente, se puede apreciar la prolijidad de la ubicación de los utensilios, los pisos de cerámica reluciente e higiene del sector. Los internados cuentan con cocinas a gas para la cocción de sus comidas (dos ranchos diarios).
Un testimonio de un recluso, que recuperó su libertad después de 14 meses recluido en la cárcel sanducera, bajó de la sala, dialogó con LA REPUBLICA y rompió en llanto, dijo que «la libertad es lo más sagrado, la libertad es todo, y le pido a los demás que nunca la pierdan. Tengo mucha confianza en mi futuro, yo sé que no es muy fácil la reinserción a la sociedad; pero todo lo que aprendí me ha servido de experiencia». Agregó que el trato recibido durante el tiempo de reclusión «fue excelente la convivencia con los compañeros; los voy a extrañar mucho, pero no me quedo un minuto más. Lleno de felicidad, salió corriendo por el pasillo; «me voy, me voy gracias Dios querido».
Historia de una cárcel
Su actual local fue inaugurado el 22 de agosto de 1979. Cuenta con cerca de 5.000 metros cuadrados de construcción, con 10 pabellones, 9 celdas disciplinarias, 6 de seguridad, comedores, cocina, sala de visitas conyugales, alojamiento de personal, patios de recreo y dos apartamentos.
Aloja actualmente 250 reclusos. El 40% de ellos desarrolla tareas, ya sea en el exterior, en uso de salidas transitorias, o en el mismo recinto en los talleres, carpintería, talabartería, tapicería, cerámica, construcción de block de cemento, costura y manualidades para las mujeres; también jardinería, aseo del local, cocina, o actividades individuales como pintura, computación, etc.
Para quienes aprenden un oficio se ha instaurado un sistema de control de asistencia y calificaciones por cuatro meses, al cabo de los cuales se otorga una constancia de aptitud para determinada tarea.
Esta constancia se envía al juzgado que entiende en la causa respectiva y se le entrega al recluso en procura de facilitar su reinserción laboral. Con una partida autorizada por el Ministerio del Interior se construyó el muro perimetral con lo que quedaron completamente cercadas las instalaciones. De esta forma la cárcel cuenta con una mayor seguridad, a la vez de evitar el contacto visual con el exterior, en beneficio tanto de la tranquilidad de los vecinos como del buen funcionamiento del sistema interno. *
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