Una productora de Artigas no quiere volver porque no confía en la Policía
Caía la noche en la ciudad y los delincuentes tenían todo planeado. Los pasos parecían estar muy estudiados, así como la rutina diaria de quienes allí viven. Tocaron a la puerta y la dueña de casa abrió, en ese instante ingresaron abruptamente cuatro desconocidos a cara descubierta que empujaron y amenazaron a la mujer y a otra dos personas que se encontraban en la casa en ese momento. La tensa situación aún no habría tomado su potencial más alto, ya que minutos después el timbre sonó otra vez. Una pareja de amigos había llegado de visita. Uno de los copadores les abrió la puerta, les exigió que agacharan su cabeza, que no los mirara, y los ingresó a la fuerza, donde permanecieron como rehenes por poco más de dos horas.
Los cuatro delincuentes se llevaron todo lo que pudieron meter dentro de los dos vehículos de la propietaria de la casa. En una camioneta cuatro por cuatro, pusieron herramientas, electrodomésticos, computadoras, alhajas, y otros tantos efectos que pudieron hurtar antes de darse a la fuga. Los copadores se fueron en los rodados, tomaron la ruta que lleva hacia la frontera con Brasil, pasaron el puesto de Aduanas, y siguieron de largo, como si nada.
La denuncia fue efectuada inmediatamente, lo que implicó un despliegue de efectivos policiales que lograron detener a uno de los implicados, incautándose de la camioneta, pero del destino del resto de lo hurtado nadie supo contestar. De los cuatro implicados en el copamiento, uno fue arrestado en la ciudad brasilera de Santa Ana do Livramento, donde permanece encarcelado, otro fue capturado en Melo y trasladado a Artigas, donde se dio intervención al juez penal de la mencionada ciudad.
«¿De quién es la ley en Artigas?»
Entre capturas, sumarios y citaciones se inició el reconocimiento del implicado. La damnificada concurrió a la seccional donde se encontraba retenido el sujeto. Allí lo identificó y el procedimiento siguió su curso, deteniéndose al llegar al juez.
Luego de muchas horas de interrogatorios el juez dictaminó que con un solo testimonio no era suficiente para procesar al implicado, a quien se le dejó en libertad. Las semanas siguientes parecían poner en marcha la rutina de la familia que vive en Lavalleja 272, sin embargo cuando todo parecía volver a la normalidad, empezaron a sonar otros timbres.
Ahora se trataba del teléfono. Mediante amenazas telefónicas, los mismo sujetos que coparon la casa, atemorizaban a la mujer a quien le anunciaban que le robarían el dinero que sabían ella tenía ahorrado. El comisario de la seccional encargado del caso había organizado una investigación con respecto a esta nueva situación, pero en ese ínterin fue removido de su cargo. El nuevo jefe que asumió el cargo manejó el hecho de otro modo, manifestándole a la víctima que simplemente cambiara su número telefónico.
Mediante contactos se pudo dar a conocer el caso a efectivos policiales de otra dependencia, así fue que personal de narcóticos resolvió intervenir las llamadas de la casa, dando así con los delincuentes, los cuales fueron detenidos, y trasladados a la seccional correspondiente.
Según los testimonios de familiares de la damnificada, «esto parece una historia de no acabar, Artigas es tierra de nadie. ¿De quién es la ley en Artigas? Uno de los delincuentes pidió para ir al baño y se fugó, mientras que el otro quedó en libertad, porque con un solo detenido, según dijeron, no podemos iniciar juicio».
La persona damnificada brindó a LA REPUBLICA su filiación, empero por el momento prefirió mantenerse en el anonimato. *
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