Tres bandas rivales de narcotraficantes se masacran en una cárcel de Río de Janeiro
«La cifra oficial y final de víctimas es la siguiente: 30 presos muertos y 14 heridos», dijo el secretario de Administración Penitenciaria de Río de Janeiro, Asterio Pereira dos Santos, a la red de TV Globo.
Por la mañana, la secretaría de Seguridad Pública de Río de Janeiro había afirmado que los presos muertos eran 34 y que ese número podía aumentar debido a que la policía y los bomberos no habían podido acceder a un sector de la Casa de Custodia de Benfica, tal el nombre de la cárcel, ubicada en la zona norte de esta ciudad.
Pereira dos Santos informó que varios cadáveres fueron mutilados y que otros cuerpos están carbonizados, por lo cual la identificación resultaba muy difícil.
«Parece el infierno»
El motín comenzó el sábado por la mañana y duró 62 horas. Los cuerpos de los presos muertos fueron descubiertos recién el lunes por la medianoche, cuando terminó la rebelión.
Los amotinados destruyeron e incendiaron el interior del penal, que había sido inaugurado hace tres semanas.
«Parece el infierno. Debe ser la peor matanza en la historia carcelaria de nuestro país», sostuvo el diputado Geraldo Moreira, presidente de la comisión de Derechos Humanos de la Legislatura de Río de Janeiro, luego de visitar la prisión.
Un guardia de la cárcel, Marco Antonio Borgatte, de 44 años, que había sido tomado como rehén por los amotinados, fue asesinado el domingo con un disparo de escopeta por la espalda, según la versión oficial.
Las víctimas son integrantes de las facciones «Amigos de los Amigos» y «Tercer Comando», rivales del «Comando Vermelho», el grupo más antiguo del narcotráfico carioca, que lideró el motín.
Los jefes máximos del Comando Vermelho, entre ellos Luiz Fernando da Costa, alias Fernandinho Beira-Mar, están presos, pero, según las denuncias, continúan dirigiendo sus actividades desde la cárcel.
El Comando Vermelho fue fundado a principios de la década del 80 y está en guerra permanente con el Tercer Comando y los Amigos de los Amigos, dos grupos disidentes por el control del narcotráfico en Rio.
Un penal construido «con mucha prisa»
La Casa de Custodia de Benfica es el penal más nuevo de Río y alojaba a 900 detenidos. Su capacidad es de 1.300 presos.
La facilidad con que los presos rompieron las paredes de la cárcel levantó sospechas sobre la calidad de su construcción, que costó tres millones de dólares y fue hecha sin licitación.
La rebelión se inició el sábado luego de un intento de fuga masivo. Según la policía, 17 presos lograron fugarse y tres fueron recapturados.
El motín finalizó cuando los presos entregaron dos pistolas, dos escopetas y cuatro revólveres que habían tomado de los 26 guardias y policías a los que mantenían como rehenes.
Algunos de los rehenes pasaron las 62 horas que duró la rebelión amarrados a garrafas de gas y con armas apuntadas hacia sus cabezas, como mostró la televisión brasileña.
La liberación de los rehenes y la entrega de las armas fue negociada por el pastor evangelista Marcos Pereira da Silva, de la Asamblea de Dios de los Ultimos Días, cuya mediación fue reclamada por los amotinados.
El pastor Pereira da Silva llegó al penal en un helicóptero de la Policía Militar y, según el secretario Pereira dos Santos, fue el último recurso antes de la invasión de la cárcel por parte de la policía.
«Si el pastor no hubiera tenido éxito en su mediación, la policía habría invadido y tal vez ahora estaríamos lamentando otro Carandiru», dijo Pereira dos Santos, en alusión a los 111 presos muertos durante la represión a un motín en la cárcel de Carandiru, en San Pablo, en 1992.
Los amotinados exigían el traslado de 179 detenidos de las facciones Amigos de los Amigos y Tercer Comando a otros penales, una mejora en el trato a los visitantes y garantías de integridad física.
Las autoridades no informaron si esas exigencias fueron atendidas.
La policía dijo que el intento de fuga masiva que dio origen al motín contó con la colaboración de habitantes de la favela (barrio carenciado) Parque Arará, ubicada detrás del presidio.
De acuerdo con la gobernadora de Río de Janeiro, Rosinha Matheus, el penal es muy seguro, ya que «las paredes internas son revestidas de chapas de acero».
Pero, el sindicato de Agentes Penitenciarios cuestionó la calidad de la construcción de la cárcel.
Los presos abrieron agujeros en las paredes de la cárcel desde donde comunicaban sus exigencias a las autoridades.
El lunes, en una entrevista radial, el secretario Pereira dos Santos admitió que el penal fue construido con prisa. *
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