"No quiero vivir más en casa", fue la frase que destapó el horror

Mientras abusaba de su hijastra la amenazaba con ahorcarla

Ambos abusadores ya se encuentran tras las rejas. En la gran mayoría de los casos el final de los adultos que abusan de los niños suele ser el mismo, pero el daño ya ha sido causado y, según la opinión de técnicos en la materia pertenecientes a la Dirección Nacional de Prevención del Delito, las secuelas suelen acompañar a las víctimas a lo largo de sus vidas.

Si bien con el apoyo psicológico adecuado y contención por parte del resto de la familia las consecuencias pueden atenuarse y lograr superar el abuso –sostienen los especialistas–, la prevención en estos casos es la herramienta.

La mayoría de la veces, como también pasó en estas dos historias, los ultrajes son padecidos por los niños y niñas durante largos períodos.

Esto indica que víctima, victimario y los actores que desconocen la situación conviven con el flagelo oculto, hasta que por una suerte de «catarsis» sale a la luz. En diversos artículos e informes de los especialistas en el tema la pregunta que se plantea es si es posible evitarlo o detectarlo a tiempo.

Se responde que la principal forma es una comunicación fluida en el núcleo familiar, y una capacitación sobre el tema por parte de los agentes externos, como ser los docentes.

Vencer el miedo

Días atras LA REPUBLICA publicó dos casos en los que la violencia –en estas oportunidades físicas y no sexuales– quedaron al descubierto en las escuelas a las que concurrían las damnificadas.

Uno fue una niña golpeada en el departamento de Río Negro cuya situación fue advertida por la maestra, y en coordinación con la dirección del establecimiento se hizo una denuncia policial. Se descubrió que su padrastro la azotaba con una cuerda de nailon trenzada, con el consentimiento de la propia madre.

Por otro lado en San José –lo cual demuestra que es un drama que sacude a todo el país– dos hermanitas venían siendo castigadas por la madrastra (que es policía) y fue también la maestra de una de ellas la que advirtió la situación.

En este caso, también con el conocimiento de la dirección del centro educativo, se contactaron asistentes sociales para contener a la niña que, en un primer momento, negaba cualquier abuso en su contra por miedo a las represalias.

El último de este tipo de episodios que salió a la luz tras la denuncia correspondiente, fue precisamente el registrado en Paysandú.

Aquí no fue ni la madre, ni la maestra quienes descubrieron el sufrimiento de la niña; fue ella misma que cuando regresaba a su casa con la madre dijo: «no quiero vivir más en casa». Y después el horror.

Amenazas

Ante esta situación, la madre de la pequeña de ocho años aceptó no ingresar a la vivienda y se retiró con la niña para dialogar e intentar saber qué era lo que le sucedía.

Cuando se lo preguntó su hija le dijo que su padrastro abusaba de ella. Sin volver a la finca la mujer se dirigió al Hospital Escuela del Litoral donde hizo ver a la niña por un médico.

«Eritema en los genitales externos, sangre en ropa interior», fue el diagnóstico del médico que la atendió, quien a su vez dio pase al médico forense.

Este profesional no encontró signos externos de violencia física y tampoco lesiones en la parte genital interna, concluyendo por lo tanto que el abuso no había llegado a la violación.

Pero la niña sostuvo que el concubino de su madre, cuando ésta se iba a trabajar, abusaba de ella y que mientras lo hacía le apretaba el cuello para que no gritara.

Luego le aseguraba que si comentaba los hechos la ahorcaría o le pegaría. Esto motivó que el imputado, un hombre de 31 años, de iniciales JFBP, fuera detenido de inmediato por la Policía e indagado sobre las denuncias de la pequeña.

Negó todo: sólo aceptó que a veces la hacía acostar como penitencia. Esto mismo dijo el hombre ante la jueza subrogante en lo Penal de 2º Turno, Karina Martínez, quien también escuchó a la damnificada y tras analizar las pericias realizadas dictaminó que JEFP fuera procesado con prisión por «un delito de atentado violento al pudor».

En Montevideo

En la pasada edición se informaba sobre otro caso: un padre que desnudaba a sus hijas, ahora de 7, 9 y 10 años, y se acostaba con ellas para besarlas y manosearlas.

Esta situación había quedado al descubierto merced a un tratamiento psicológico al que las niñas eran sometidas, siendo los profesionales quienes le dijeron a la madre la probabilidad de que sus hijas hubieran sido objeto de abuso sexual.

La mujer habló con sus hijas por separado y descubrió efectivamente que el diagnóstico psicológico era verdadero.

Fue entonces que radicó la denuncia en el Departamento de Orden Público de la Jefatura de Policía de Montevideo, procediendo los funcionarios a solicitar permiso a la Justicia para interrogar al imputado, ya que se encontraba actualmente recluido en el Comcar por otros delitos.

Y así fue que Oscar Mario De León Cárceres, de 35 años, declaró ante la Policía y después ante el juez penal de 6º Turno que ayer lo procesó con prisión nuevamente por «un delito de atentado violento al pudor».

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje