Más de 30 seres humanos conviven debajo de las alcantarillas del hospital de Clínicas

No hay que ser demasiado observador como para darse cuenta que cualquier alero de la ciudad sirve de refugio por las noches para cientos de indigentes que durante las horas del día deambulan en busca de algo para comer, utilizando diversas estrategias de supervivencia.

No hay iglesia, organismo público, comercio o establecimiento de cualquier tipo que no sirva de techo improvisado. Ni hablar de las salas de espera de los hospitales públicos o de los pabellones donde los internados que no tienen familia muchas veces son atendidos por personas que se ofrecen a cambio de un plato de comida dado su carácter de acompañantes. Pero, debajo del coloso hospital de Clínicas todas las noches se producen escenas kafkianas. De a uno, lentamente, hombres y pocas mujeres atraviesan el campo posterior y cual topos se van metiendo debajo de las alcantarillas.

Allí, bajo tierra, prenden uno o dos fogones para calentar alguna cosa comestible que rescataron en sus respectivos caminos. Cosa rara, ninguno de ellos sabe que el riesgo país ha bajado, que las exportaciones crecieron y que las reservas aumentaron en el Banco Central. *

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