Que hay detrás del escándalo
Algo huele mal en el asunto Colmenero. Más allá de la estrechez de su relación con un probado delincuente, al fondo de la escenografía se escapa un fuerte tufillo a operación policial que trasluce lo que a mi juicio es un complejo operativo político con el fin de terminar con la carrera judicial del magistrado.
Alguien le está haciendo pagar a Colmenero una factura que nada tiene que ver con la Justicia ni con el caso Trigo y menos con el asesinato de Lilo Martínez.
Todos lo saben. Colmenero no es santo de mi devoción. Es más, creo que no es un buen profesional para estar al frente de un juzgado letrado como el de Carmelo.
Personalmente he sido perjudicado por su justicia que considero sesgada y revanchista en respuesta a nuestra cobertura periodística de los últimos años.
Pero no es ese motivo el que me lleva a afirmar que Colmenero no es un buen juez. Hay una larga lista de hechos que LA REPUBLICA ha publicado, una larga serie de casos en los que mostramos con fundamento y pruebas los yerros del juez de Carmelo.
Por eso, no sería honesto como profesional de la comunicación si me negara a ver una serie de indicios que señalan que detrás de la acusación por entorpecer la investigación sobre la muertes de Trigo y Martínez que hicieron oficiales del Ministerio del Interior a la Suprema Corte de Justicia, se esconde una operación más compleja que la sinuosa conducta de un juez feo y cabezón como él mismo se describe, en un pequeño Juzgado como el de Carmelo.
Agunos indicios
Durante los últimos 20 días, todos, absolutamente todos los grandes medios de comunicación derramaron ríos de tinta, minutos centrales de sus informativos en radio y televisión para señalar a Píriz Brum como el asesino de Trigo y Martínez.
Sin embargo, pese a los indicios, judicialmente hasta ahora nada se pudo probar en su paso por los juzgados de Carmelo y Colonia. No está preso porque no hay, hasta ahora, elementos de convicción suficientes, nada que le sirva a la Justicia para probar de manera firme y dictar un procesamiento que diga que Píriz Brum participó directamente en tales hechos.
Alguien que haya visto esto, podría señalar con razón que las certezas policiales, los comentarios y las teorías son muy buenas para las novelas de detectives, pero fracasan al momento de llegar al Juzgado, en donde se requiere que existan pruebas mínimas que demuestren el cargo que se imputa al acusado. La semiplena prueba es lo mínimo necesario para procesar, sumada a la íntima convicción del juez. Esa es la mínima barrera que protege al sospechoso de la arbitrariedad policial, por lo que mientras no se pueda probar con hechos, Píriz Brum seguirá libre por estos cargos.
Con toda la presión de los medios y del Ministerio del Interior sobre sus juzgados. ¿Alguien tiene alguna duda que el juez Gerardo Siri no hubiera querido darle prisión a Píriz Brum en el mismo momento que declaró frente a él?
Si no lo procesaron es porque la Policía, como auxiliar de la Justicia, no presentó las pruebas suficientes para la semiplena prueba que requiere el procesamiento.
¿Alguien cree por casualidad que a Píriz Brum lo atrapan por el caso Martínez, pese a que testigos aseguran que lo vieron esa noche en la esquina de peluca?
No, en realidad lo que moviliza a la Policía a buscarlo es su vinculación con la muerte de Andrés Trigo. ¿Quién vinculó a Píriz Brum al caso Trigo?
El que lo hizo fue «El Marito» Soria, un delincuente más grande que Píriz Brum, preso en una cárcel del Paraguay, lugar hasta donde fueron los investigadores colonienses.
En honor a la verdad, los periodistas hemos tenido mejores fuentes de información que «El Marito» Soria.
Colmenero: ¿Es o se hace?
En los tiempos en que las campañas políticas se acercan, todo inevitablemente se tiñe de un tinte político y es real que el poder político comienza a entretejer diferentes temas en la opinión pública con el solo propósito de dibujar el mejor escenario para consolidar y/o ganar mayores espacios de poder.
La Policía, distintos hombres pero la misma Policía que trabajó en Colonia bajo las órdenes de Hugo Pintos Funes, la misma Policía que participaba de los grupos GEO de represión a jóvenes a la salida de la discoteca, la misma Policía que borró y ocultó pruebas e indicios importantes, resulta que ahora está preocupada por resolver el caso Trigo. Suena raro, ya que en sus filas todavía hay hombres que podrían aportar información valiosa sobre lo que ocurrió aquella madrugada del 17 de agosto de 1998.
En realidad, quien se comprometió a resolver el asesinato sobre Andrés Trigo es el ministro del Interior, Guillermo Stirling, hombre del Foro Batllista y serio candidato a representar a esta lista en la carrera presidencial. Si Stirling logra desentrañar el caso Trigo antes de las internas, tendrá un nivel de popularidad que le permitirá tener chances de ser un candidato alternativo al sanguinettismo, cuyo piloso líder oscila entre el no y el tal vez en su tercera candidatura presidencial según los números de la encuesta que le muestren.
Es duro pero el planteo es real en el árido juego político. Para eso se necesita un culpable. Ya, ahora, tienen que encontrar un culpable y un motivo creíble. Y Píriz Brum aparece como el villano perfecto, y aunque en ello hay mucho de mérito propio, me preocupa más la pirotecnia que suma la multitud, a la propia responsabilidad en los hechos que se señalan. Parece como si alguien quisiera terminar a prepo un rompecabezas en el que aún no encajan todas las piezas.
Es raro que recién ahora la Policía se acuerde de quejarse del juez y para eso saque a relucir viejos episodios que pasaron en 2001 en la cárcel de Piedra de los Indios y que ponen en tela de juicio algo tan íntimo e irrelevante como la sexualidad de Colmenero. A mí de un juez me interesa que trabaje con criterios de justicia. ¿Qué importan sus características físicas, sus apetencias gastronómicas, o sus inclinaciones sexuales si ellas no son utilizadas en provecho de su cargo?
Del mismo riñón del poder que ejerce el partido de gobierno era el ex director de Aduanas Víctor Lissidini, a quien Colmenero metió en la cárcel, acusado de permitir que sus funcionarios quebraran en mil pedazos el Código Penal que debían defender.
La presión política que se ejerce sobre los jueces pone un peligroso parámetro alrededor de la justicia y es real que, aunque los actores lo nieguen una y mil veces, Colmenero recibió presiones políticas en el caso Lissidini. Quien quiera puede preguntar en el Juzgado sobre el legislador que llamaba todas las semanas «preocupado» por la causa antes que Lissidini fuera citado en calidad de imputado.
Al poder le sirve un culpable. Al poder le sirve una explicación rápida aunque con eso se escabulla la justicia. Y si en el camino hay un juez que es el obstáculo, es claro que el poder no vacilará en quitárselo de encima.
Cuando la política entra al Juzgado la justicia se escapa por la ventana. El dicho popular sirve para ilustrar el comienzo de una explicación sobre lo que ocurre en torno al polémico juez de Carmelo que, investigado, debería ser víctima de su propia inoperancia y no de oscuros manejos con aroma a poder político-policial que se esconden en las sombras de algo siniestro que algunos quieren hacer pasar por justicia, a escasos meses de la puja electoral. *
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