Ayuno de protesta de reclusos salteños logró que se aislara a un portador de hepatitis
Los internos del pabellón número 3 de la cárcel departamental de Salto decidieron efectuar un ayuno para exigir que las autoridades tomaran las medidas profilácticas necesarias para evitar la propagación de un posible foco de hepatitis a raíz de la convivencia obligada con uno de los reclusos afectado por dicha enfermedad.
De acuerdo a lo expresado por los reclusos salteños en una carta que hicieron llegar a los medios de comunicación (entre ellos a LA REPUBLICA) la medida era también motivada por las condiciones de hacinamiento en que deben convivir y el mal estado en que se encuentran las instalaciones y manifestaban sus temores de que dicha virosis se trasmitiera a sus hogares en posibles contagios en horas de visita de sus familiares.
Reclamaron en la referida carta, fechada el pasado 2 de febrero, la presencia de un equipo epidemiológico del Ministerio de Salud Pública para establecer formas de controlar la situación que ya de por sí es grave, con la propagación de estafilococos dorados, sarnilla humana y otro tipo de enfermedades contagiosas y denunciaron que por falta de recursos en el Comando de Jefatura no se entregan elementos imprescindibles para mantener la higiene tales como hipoclorito, creolina, etc.
Es normal que los presos enfermen
Consultado sobre el particular el director de la Cárcel Departamental, subcomisario Leopoldo Santana sostuvo que el ayuno de los reclusos del pabellón afectado por un caso de hepatitis, duró solamente unas horas.
Para el jerarca del establecimiento de reclusión, es normal pensar que los presos adquieran alguna enfermedad, tanto por su condición humana además del mal estado en que se encuentra el lugar.
Según el subcomisario Santana, el pasado sábado 31 de enero en su recorrida habitual por el establecimiento, pudo detectar que un recluso alojado desde febrero de 2003 por cometer un delito de hurto especialmente agravado por la penetración domiciliaria, no se encontraba en buen estado de salud siendo trasladado al Hospital local. Allí se le diagnosticó hepatitis y fue remitido nuevamente a la Cárcel Departamental. El día domingo a las 19.30 horas, el mismo recluso infectado de hepatitis manifestó que comenzaba una huelga de hambre, y junto a él lo hacían los restantes internos del Pabellón Nº3, conformado por un total de 23 reclusos. Todos ellos consideraron que el realojamiento del interno afectado por la hepatitis era inadecuado debido al estado de hacinamiento y los demás problemas que ello trae aparejado, pudiendo originar un foco infeccioso extremando el peligro tanto para ellos como para la guardia policial y las familias de ambos, sin pensar que esto podría ser extensivo a la sociedad toda. El director del establecimiento compartió este concepto e inició las gestiones al día siguiente.
Levantan el ayuno
El director de la Cárcel Departamental dispuso la coordinación de la internación del recluso enfermo con el doctor Javier Panizza (subdirector del Hospital Regional de Salto), previa consulta a las autoridades policiales y a la jueza Letrada María del Carmen Roybal, quienes manifestaron su acuerdo concretando dicha internación el pasado 2 de febrero a las 12 del mediodía. El jerarca policial también expresó que le comunicó al médico referido, su intención de que Salud Pública envíe un equipo epidemiológico al recinto carcelario para realizar los estudios pertinentes al resto de los reclusos del pabellón Nº3, y que para tal cosa sería necesario coordinar acciones con la dirección del hospital. Tras informarle de las gestiones realizadas a los reclusos, estos decidieron levantar la medida anunciada horas más tarde de adoptarla.
Para Leopoldo Santana, quien además es profesor titulado de Biología, es «normal» que haya personas enfermas dentro del establecimiento, no sólo por la condición del edificio y el estado de hacinamiento ya que la Cárcel construida para 80 reclusos cuenta actualmente con 170, sino por sobre todas las cosas, por la condición humana de las personas allí alojadas. Destacó que en un ámbito familiar la internación por un caso de hepatitis no es necesaria y no requiere de medicación ya que es un proceso viral. Pero recordó que cuando éste proceso se desarrolla en una «convivencia colectiva como se da en la Cárcel ya no se cumplen los mismos parámetros pudiendo originarse un foco infeccioso». Destacó además que el establecimiento no cuenta con un local de enfermería adecuado a este tipo de atenciones.
Finalizó aclarando que los reclusos «pensaron que no se daría respuesta a la situación planteada por el recluso enfermo de hepatitis y por eso comenzaron el ayuno en las últimas horas del domingo. Pero al saber que se realizaron las gestiones pertinentes y se continúa trabajando a la espera del equipo epidemiológico, depusieron su actitud en horas de la mañana del lunes pasado». *
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