Desalojaron ayer a ciento veinte familias de complejo habitacional de Belvedere
La historia comenzó hace pocos días, en la calle Mariano Sagasta y Santa Lucía, cuando un grupo de familias sin techo unas ciento veinte decidieron ocupar las viviendas. Cerca de quinientas personas en su mayoría niños se ubicaron en los distintos apartamentos del complejo, el que según manifestaron luego los ocupantes había sido previamente devastado por manos anónimas al encontrarse abandonado desde hace dos años y medio, tras la quiebra de la empresa constructora y el retiro de los guardias de seguridad.
Dicen los ocupantes hoy desalojados que faltaban allí elementos sanitarios, de electricidad, marcos de ventana, puertas, herrajes, etc., pero que de todas maneras se ubicaron con sus pocas pertenencias tratando de darle a sus respectivas familias la seguridad de un techo. Incluso manifestaron durante su corta estadía que estaban dispuestos dentro de sus posibilidades a pagar razonablemente por dichas viviendas, que no pretendían que se les regalara nada, pero que necesitaban un lugar donde vivir.
Un macabro recibimiento
Un día después de instalarse las familias en el complejo de Belvedere, el mismo fue noticia en todas los medios de comunicación ya que apareció en una cámara séptica de la unidad ubicada en Mariano Sagasta 138 y Santa Lucía, el cuerpo de una persona envuelto en una bolsa de nailon y cubierto con un polvo blanco con toda la apariencia de ser cal con la que se habría pretendido eliminar evidencias. El cuerpo de Bomberos retiró de allí el cadáver y éste fue llevado a la morgue judicial.
Once días después
El juez Gerardo Gastón Peduzzi Duhan llegó al mediodía de la víspera al complejo habitacional respaldado por efectivos policiales para hacer efectiva la orden de lanzamiento. La primera reacción de los ocupantes fue resistir cerrando un gran portón de rejas de acceso al mismo. Hubo algunos gritos, muchos exaltados, y por supuesto un clima muy alterado por el llanto de los niños, y las familias que en todo tipo de vehículo, carritos, bicicletas, etc., trataba de sacar sus pertenencias, la mayoría de ellos con destino incierto.
En los rincones, niños con caras de no entender nada esperaban sentados sobre colchones y almohadas mientras a su alrededor el drama seguía creciendo.
Reunión en el Ministerio de Vivienda
Los vecinos integraron una comisión que desde el lugar se dirigió hasta el Ministerio de Vivienda a plantear la posibilidad de que les dieran un plazo especial para mantenerse en el lugar, comprometiéndose a cuidar y refaccionar las viviendas durante el tiempo que vivan allí hasta que les consigan un terreno para hacer viviendas de ayuda mutua.
A las cuatro de la tarde, cuando el juez Gerardo Peduzzi certificó que la demanda judicial de desalojo había sido cumplida en su totalidad, en la vereda del complejo quedaban aún cuatro familias con sus pocas pertenencias acampadas, manifestando que iban a quedarse allí afuera, por que no tenían medios ni dónde ir con sus cosas y sus hijos.
Tierra de nadie
Los vecinos de los alrededores comentaron a LA REPUBLICA que «en cierta forma nosotros preferimos que estén ocupados por gente como ésta que se ve que es de trabajo y no vacíos donde se puede meter cualquier tipo de personas. Desde que la empresa abandonó todo y se fueron los que vigilaban esto era tierra de nadie…»
«Yo no entiendo nada señor. Prefieren que estemos tirados en la calle con los niños antes que darnos aunque sea en préstamo un techo que al fin y al cabo tampoco se lo dan a los pobres viejitos a los que les roban la plata para hacerlos y después dejan que pase esto», dijo una de las alteradas mujeres, y agregaba: «Aquí nadie quiere que se le regale nada, queremos pagar en la medida que podamos, pero tenemos derecho a un techo digno».
Al anochecer nuevamente en el barrio de Belvedere el complejo habitacional de Mario Sagasta y Santa Lucía quedó vacío, tal como si su destino fuese ese y no el otro. *
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