Pequeño víctima de brutales golpizas por parte de su madre y padrastro
Los vecinos de Carlitos no aguantaron más los llantos y alaridos del pequeño e hicieron lo que debe hacerse pero muchas veces se calla: se comprometieron, dieron la cara y denunciaron exponiendo sus nombres ante la prensa maragata y la Justicia, que el menor sufría abusos indescriptibles por parte de su madre natural y su padrastro. Antes -según relatan desde mediados del años pasado-, habían denunciado la terrible situación y no en una, sino en varias oportunidades. Llamaron por ejemplo reiteradamente a la línea de urgencias 911, pero al momento, ninguna acción legal se emprendió para separar al niño de sus atacantes. Para que se supiera públicamente que una madre y su pareja, un funcionario municipal conocido en San José, eran responsables de esta macabra historia, los hechos debieron volverse insostenibles. El niño debió ser internado en el Hospital de departamental con varias costillas rotas, resultado de una brutal paliza según certificaron los médicos que le atendieron, y desde allí derivado al Pereira Rossell. Desde este centro, el equipo interdisciplinario de especialistas que atiende al niño, ya ha informado que su cuerpito muestra «heridas viejas», como fisura de peroné, clavículas y costillas, que «soldaron» solas.
A esta horas y después que los testigos y la pareja acusada declarara ante la Justicia, ya nadie duda en San José que estos dos adultos mantenían al niño en condiciones infrahumanas, hasta el punto que Carlitos tiene dos intentos de autoeliminación muy serios de los que se salvó «no se sabe cómo» 8y otros tantos que seguramente no se conocen). El niño, intentando escapar a su calvario, confesaba a los vecinos que lo encontraban de golpe tendido en plena calle esperando que pasara un auto y lo pisara, que quería matarse para que no le pegaran más. La idea de que le arrollara un auto era recurrente para el pequeño que días atrás, cuando le propinaron la paliza que le llevó al Pereira, intentó hacerlo en la zona del puente de la Picada de Varela. Matándose, Carlitos quería «escapar». Los vecinos junto a la policía allí le encontraron y lo llevaron al Hospital.
Conmoción vecinal
Vivía hasta el momento con la madre, el padrastro y una hermanita de dos o tres años en pleno centro de la capital maragata. Este relato fue hecho por los vecinos declarantes y en sus detalles legales y técnicos, confirmados a LA REPÃBLICA por Soledad Romero, perita en violencia familiar. La especialista con un posgrado universitario en la materia, tiene a su cargo la coordinación de un proyecto del que participan varios técnicos y profesionales. Funciona en forma totalmente honoraria tres veces a la semana en el centro de salud maragato, atendiendo a la niñez y familia desvalida; pero pese a su «práctica» en estos temas, se encontraba como todo San José profundamente conmocionada con los hechos relatados y con la falta de respuesta que hasta el momento habían tenido las denuncias. Romero se propone llegar hasta la Suprema Corte de Justicia, porque «ahora se trata de ver qué respuesta dará la Justicia a esta gente, los vecinos, que actuaron con enorme responsabilidad y denunciaron lo que sucedía (…) y por supuesto, hay que saber que pasará con el niño, más allá de procesamientos y cárcel la cosa es qué le pasará al niño porque hay un problema real ¿a dónde ira? Acá lo que importa es el niño ¿que va a pasar con el niño? También importa que este caso sea un ejemplo para que se sepa de otros tantos, muchos, que se callan y cuando hay pruebas como ahora, ¿qué pasa?, que no quede ahí (…) eso es lo que no puede ser y haremos lo posible, hablaremos con quien sea por esto», declaró Romero a LA REPUBLICA.
Cabe consignar que el caso judicialmente se encuentra en secreto de presumario. Sin embargo, desde el Pereira Rossell los médicos ya habrían podido comprobar que el pequeño presenta «dos tipos» de agresiones «hechas seguramente por dos personas diferentes». El padrastro, el conocido funcionario administrativo municipal, estaba trabajando en la comuna ayer a la mañana, mientras esta nota estaba siendo escrita y su identidad ya era un secreto a voces. También era un secreto a voces que un alto jerarca municipal, superior al acusado, «andaba a la vuelta en el Juzgado». Los testigos de la presencia de esta persona cerca o en la sede judicial, esperan «que no haya andado por ahí con intenciones de defender a esa lacra humana, sino para saber qué pasa y tomar medidas en su contra».
Los vecinos declarantes, por su parte, manifestaron a la prensa que con su testimonio esperan que la pareja culpable «se pudra en la cárcel» y que esta historia sirva para que la gente se anime a revelar otros casos similares, que se mantienen ocultos por temor o ignorancia. *
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