Dos jóvenes denuncian haber sido maltratados por policías de Piriápolis
Rodrigo Torres de 26 años de edad, y su amigo, Rodrigo Rivas de 18, son parte de un grupo de cuatro jóvenes que viajaron al este a pasar una semana tranquilos y alejados del ruido de la capital, pero al parecer, y según sus propias palabras, «la Policía de Piriápolis no quiere a la gente de Montevideo».
Todo habría comenzado con la idea de juntar un poco de dinero entre los cuatro amigos y tomarse una semana de vacaciones en Piriápolis, alquilar una casa, descansar, y divertirse en las hermosas playas de esa ciudad.
Comenzaron su relato contando que hace algún tiempo conocieron a un hombre que simplemente se presentó como «Sebastián», el cual les ofreció una casa para alquilar en Pueblo Obrero, una pequeña zona de la ciudad de Piriápolis. Aceptaron el ofrecimiento pues solamente les cobraba 1.000 pesos uruguayos por toda la semana que pensaban quedarse. A tan sólo dos días de estar instalados, se presentaron en el lugar varios efectivos policiales informando que habían recibido una denuncia en la cual se afirmaba que la vivienda que estaban ocupando servía como centro de distribución de marihuana.
Los cuatro jóvenes quedaron sorprendidos por la noticia y explicaron al personal policial que ellos hacía solamente dos días que se encontraban allí, y que si bien confesaban que eran consumidores de marihuana no tenían nada que ver con ningún centro de distribución, ni nada que se le pareciera.
De todas maneras fueron detenidos y trasladados a la Seccional 11ª de la ciudad de Piriápolis, donde fueron investigados e interrogados por los policías. De las averiguaciones realizadas salió a la luz que el joven Rodrigo Torres tenía un antecedente por tentativa de hurto, hecho que no dejó de reconocer en su relato vertido a LA REPUBLICA.
Ni bien los policías se enteraron que el joven tenía ese antecedente y, siempre según su propio relato, lo quisieron acusar del robo de una finca de la zona, además de la desaparición de un casillero de cerveza que se encontraba en la puerta de un bar. Al negarse a las acusaciones continúan relatando , uno de los policías comenzó a darle fuertes cachetadas intimándolo a que confesara que había sido él quien había cometido el atraco de la casa en cuestión.
El joven cuenta que más allá de los golpes recibidos, siguió negando su autoría.
48 horas sin alimentos
Los malos momentos continuaron al realizarse el allanamiento de la vivienda que alquilaban. Como no se encontraba el dueño de la casa, llevaron a Rodrigo Torres como responsable de la misma. Una vez en el lugar, le preguntaron dónde escondía la marihuana, y al responder que no sabía de qué marihuana le estaban hablando pues no tenía nada que ver con el asunto, comenzaron nuevamente los golpes.
Al parecer luego de unos minutos revisando la casa, los efectivos policiales encontraron la droga buscada y regresaron a la comisaría donde los jóvenes permanecieron sin comer ni beber durante las 48 horas que duró su detención.
Uno de los cuatro jóvenes es víctima del sida y se encuentra en la etapa terminal. Según las declaraciones de sus amigos, fue al único al que le dieron de comer y de beber, aunque de todas formas «no fueron capaces de llevarlo a que durmiera en un hospital, lo dejaron tirado durmiendo en el piso, como nosotros».
Mientras se encontraban detenidos cuentan , los policías ingresaban a la celda y los volvían a golpear, exigiendo que se hicieran cargo de la venta de drogas, incluso manifiestaron que uno de estos efectivos tomó un desodorante en aerosol y se los pulverizó por el rostro, cuerpo y cabeza, como burlándose del estado en el que se encontraban.
Así pasaron sus primeras 24 horas detenidos. Al otro día fueron trasladados al Juzgado de Maldonado, lugar donde también se hizo presente el dueño de la casa, que fue encontrado pocas horas después del allanamiento. Su nombre verdadero no era Sebastián, y acusó a los jóvenes visitantes de ser quienes le proporcionaban la mercadería incautada. Aunque eso luego quedó claro que no fue así, pues en un descuido del personal a su cargo, el hombre se dio a la fuga.
Pertenencias desaparecidas
Al haberse fugado el sospechoso, las autoridades dejaron libre a los cuatro jóvenes, quienes salieron del Juzgado sin un peso en el bolsillo, pues habían dejado el dinero en la casa que alquilaban en Piriápolis, se trasladaron hasta esa ciudad haciendo «dedo», y cuando llegaron se encontraron con que adentro de la casa había un gran desorden. Fue así que decidieron regresar lo más rápido posible a Montevideo para evitarse más problemas de los que tenían, pero mientras juntaban sus pertenencias notaron que les faltaba unas cuantas cosas. Al hacer una revisión más minuciosa se encontraron con que algunas prendas de vestir (entre ellas un par de championes de origen estadounidense enviados por parte de una tía de Rodrigo Rivas), faltaban del lugar, así como también 20 discos compactos, unos walkman, y más de 1.000 pesos en efectivo.
Según el testimonio de los jóvenes, la mayoría de las prendas que faltaron fueron codiciadas por uno de los efectivos policiales que participó del allanamiento. Relatan que tomaba las prendas en sus manos, y hacía comentarios como: «Â¡Qué linda remerita! ¡Qué lindos championes!».
Los jóvenes, antes de regresar, decidieron pasar por la Seccional a reclamar las pertenencias faltantes. Al llegar al lugar, cuentan que nadie los quiso atender, y que «se pasaban la pelota unos a otros», cosa que les parecía extraña. En determinado momento se hicieron presentes todos los policías que participaron en su detención, quienes les aconsejaron que se fueran calladitos la boca. Fue así que se dirigieron a la terminal y emprendieron el regreso a casa.
De todas maneras ni bien llegaron a la capital, escribieron una carta donde relatan todos estos hechos, y la entregaron a las autoridades policiales montevideanas, quienes en el día de hoy comenzarán las investigaciones correspondientes para aclarar este lamentable hecho. *
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