La tensión por falta de incremento salarial aumentó tras circular interna

La Policía habla de huelga

El malestar por este contexto ha «crecido desde el pie». Cuando asumió el nuevo gobierno la expectativa en los policías ejecutivos, en su mayoría agentes, era grande en cuanto a que se les otorgara el aumento salarial prometido durante la campaña. Pero a medida que las semanas comenzaron a pasar, la expectativa empezó a convertirse en desazón.

A mediados de abril, un policía que acababa de terminar un procedimiento en la zona del Cerrito de la Victoria con la detención de un delincuente tras enfrentarse a balazos, afirmaba a LA REPUBLICA que «lo del aumento parece que fue puro paco. Así no aguantamos más». El hombre era padre de familia y, según explicó, con su sueldo en torno a los tres mil pesos se hacía muy difícil subsistir.

Este ejemplo, según varias fuentes policiales consultadas, se repite en todas las reparticiones de la jefatura capitalina. Tal es así que el malestar llegó días atrás a los mandos medios de la Policía, y a través de éstos al propio comando de la Jefatura de Policía. Por esta vía el malestar llegó hasta la propia secretaría de Estado.

La circular

Luego de varios meses sin saber en definitiva si el aumento se iba a dar, las fuentes dijeron que lo que más preocupa es que no hay una comunicación oficial. En este sentido se sostuvo que se tomaría al menos como un indicador de que habría posibilidades de tener una mejora en los ingresos, que desde el Poder Ejecutivo se diga «en tantos días o semanas vamos a tener una respuesta».

Y la respuesta llegó, pero en vez de aplacar las tensiones, las elevó. Las fuentes explicaron que el 29 de mayo el ministro del Interior emitió una circular (la Nº 40) con destino a las 19 jefes de Policía y a los directores nacionales, para que éstos a su vez la transmitieran a sus subordinados.

La finalidad de dicha circular era, textualmente según una copia a la que accedió LA REPUBLICA, «alertar ante la difusión carente de fundamento y validez con respecto al futuro incremento salarial».

El documento firmado por el secretario de Estado indica que «está circulando a nivel de dependencias policiales, información e impresos relativos al incremento salarial que recibirán los escalafones ejecutivos y de apoyo, la que carece de crédito y validez».

En este sentido el ministro sostiene que la instrumentación del aumento «está siendo objeto de estudio por parte del equipo económico. Una vez que se tenga la información concreta, la misma será difundida por los canales correspondientes». Las fuentes policiales entendieron que más allá de eso «sabemos que el aumento no sale». Por otro lado, fuentes ministeriales dijeron a LA REPUBLICA que hoy por hoy al ministerio no ha llegado ningún aviso sobre este tema.

Se explicó que de haberlo, el punto deberá ser incluido en la Ley de Presupuesto que «todavía está en pañales» y cuya finalización se estima hacia fines de año. Después el Parlamente deberá aprobarla. Pero para eso falta mucho, y la situación ha comenzado a preocupar a las autoridades.  

222 y 223

A este cuadro se le suma, señalaron los voceros consultados en varios departamentos, la iniciativa del Ministerio del Interior de regular las horas del servicio 222. Mediante este sistema organismos públicos y privados contratan en cada jefatura seguridad para su institución, asumiendo la tarea los uniformados cuando terminan su horario de servicio.

El planteo del ministro en este sentido, formulado en reiteradas ocasiones, es que este sistema va en desmedro de la eficacia del funcionarios durante el servicio, ya que a las ocho horas en su dependencia se le suman otras tantas fuera de ella.

Pero este servicio, alegan los policías, es la única forma que tienen de ver incrementados sus ingresos «a niveles mínimamente dignos».

Una de las fórmulas que se maneja para acotar este servicio, y paralelamente aumentar el salario de los policías, es reducir las horas del servicio 222, e introducir el equivalente al sueldo que percibe el uniformado. A mediados del año pasado el anterior jefe de Policía de Montevideo, inspector Juan Suárez Silva (hoy jefe en San José), emitió una disposición que ponía topes a las horas que cada funcionario podía realizar.

Pero esto desató una reacción inmediata de sus subalternos que tenían fecha para iniciar una huelga, desactivada por el ministro Stirling que eliminó los topes y creó una comisión para reglamentar el servicio.

A la intención de regular «el 222″ se le suma el anuncio de la pasada semana de la secretaría de Estado en cuanto a que se buscará eliminar el artículo 233. Este es aquel que preferentemente los locales nocturnos emplean para tener seguridad policial sin pasar por la Jefatura, contratando directamente al funcionario.

En algunos departamentos la fiscalización de los superiores ya ha motivado que quienes se valían de este «extra» comiencen a rechazarlo por temor a ser descubiertos y sufrir las consecuencias. Las fuentes policiales consultadas explicaron que principalmente en los departamentos con «fuerza» –léase Maldonado, Montevideo y Canelones– ha habido contactos para sondear el nivel de respuesta que podría tener una medida de protesta, aunque su realización no está propuesta concretamente. La última huelga policial fue en 1994.

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