Inspector Telechea: "El crimen no paga"
La interrogante inicial surgió desde el primer día del secuestro, y apuntaba a la utilización de una «picana de mano» por el secuestrador, que habría usado para reducir a Valentina y así obligarla a subir a la camioneta que la transportó a la casa de Coronel Mora, donde permaneció los veinte días que duró su cautiverio.
El inspector Telechea respondió: «Supuestamente, sí habría utilizado, o amenazado con utilizar, una pequeña picana de mano, la cual después destruyó, y por lo tanto no tenemos elementos como para decir que existió. Nos basamos en el testimonio».
En determinado momento, un medio de prensa publicó que se había confeccionado un indentikit en base a los datos aportados por el testigo, pero Telechea lo desminitió: «No se hizo el identikit. Un colega suyo manejó que se había realizado, y se manejó como eso: una posibilidad que en algún momento podría darse, pero los identikit provocan más problemas que soluciones. Hay muchas similitudes, y pueden ser molestadas muchas personas en base a una descripción muy sugestiva de un rostro».
La familia y la denuncia
Sobre cómo se enteró la Policía de este hecho, dijo: «Básicamente, se entera la Mesa Central de Operaciones de la existencia de este hecho, y es la Mesa la que deriva el procedimiento al centro de investigaciones. El detalle de quién, le puedo estar errando, porque de pronto es el testigo, o de pronto es un vecino».
De ahí surgió otra interrogante: ¿Pero no fue la familia la que realizó la denuncia?
El inspector contestó: «No sé. No sé. Pudo haber sido, pero no sé. Accionamos en base a la Mesa Central de Operaciones». Y agregó: «Cuando se tiene conocimiento del hecho, que es de forma inmediata, por supuesto que hay un contacto con la familia, y hay una mutua colaboración para esclarecer el hecho».
De todas maneras, no quedó claro si la familia de Valentina realizó o no la denuncia correspondiente.
Otro de los temas que estaba en duda era el referido al investigador holandés que estuvo aquí en Uruguay orientando a la familia.
Telechea dijo: «El investigador permaneció aquí hasta que se liberó a la chica, pero no vino a dirigir las investigaciones. Al tratarse de un banco internacional, las medidas internas del banco tienden a apoyar a las víctimas, o familiares de las víctimas de secuestro de sus empleados, con asesoramiento, basados en su experiencia internacional. De hecho, con nosotros nunca habló. La función de él era de asesorar a la familia, en el trato, en la actitud».
Durante el secuestro
Lo que más desconcertó a la opinión pública fue la alegría que mostraba Valentina el mismo día que Juan C. Marizcurrena la liberó, aparentando una felicidad exuberante, que llevaba a dudar que hubiera permanecido en ese sótano los veinte días que duró el secuestro. Consultado sobre este tema, Telechea respondió: «Yo creo que cada uno puede expresar su opinión. Nosotros nos tenemos que manejar con los elementos que tenemos, que son los testimonios, son los indicios de restos de comida, de alimentos, y la convicción de que fue así, de que la chica estuvo en ese lugar. ¿Por qué? Porque hay un solo secuestrador, no hay más… No hay una segunda persona que aparezca haciendo algo».
Sobre la vecina que asegura haber visto a un segundo hombre, manifestó: «Son actuaciones posteriores, y el juez mandó hacer diligencias en ese sentido. Así como te digo eso, te digo que, con toda seguridad, la persona que vieron entrar era este hombre, pero eso se va a aclarar perfectamente y fehacientemente en la orden judicial».
Santo Expedito y el trato
Sobre los tan mentados mensajes a Santo Expedito, el inpector Telechea dijo a LA REPUBLICA: «Los mensajes a Santo Expedito son solamente válidos los que firmaba S.P., que significa ‘Sergio Pimienta’. Esa es la definición que se pone el secuestrador en el primer mail, es el apodo que se pone el secuestrador, inventado por él, y los demás que aparecen son oraciones normales que aparecen todos los días y que la gente vinculó o quería vincular de alguna forma , pero no tienen nada que ver».
En las últimas horas se había comentado de un supuesto pedido del secuestrador para permanecer en Cárcel Central, y no ser derivado al Comcar. Telechea habló sobre el tema: «No hubo trato, que yo tenga conocimiento. No existe ningún trato para una situacióna así. La Cárcel Central está destinada para aquellos ciudadanos que cometen un delito culposo primario, para policías que delinquen si no son delitos graves, y para aquellos que la Justicia disponga que permanezcan allí».
Marizcurrena y los 2.300.000 dólares
El inspector Telechea confirmó que el secuestrador pidió en una primera instancia 2.300.000 dólares; a partir de esa cifra comenzaron las negociaciones, y bajó su pedido hasta 1.400.000 dólares.
Al preguntar por qué Marizcurrena se entregó, comentó: «Por presión, el día anterior se le allanó la casa. Cuando se encuentra la camioneta, aparece un pequeño papelito; en un rinconcito había la mitad del apellido, pero no había ningún elemento que lo vinculara con el caso. Pero él se sabía identificado o, por lo menos, sospechoso en el tema como consecuencia que la Policía había ido a preguntar por él a su casa». Y agregó: «El nunca comentó nada con nadie. Eso hizo difícil el caso. Era una persona sola, con su vida normal, y ningún vecino sospechó que tenía la chica secuestrada ahí». Según el inspector, «aparte del papelito que se encontró en la camioneta, cuando se fueron achicando las posibilidades, apareció como el principal sospechoso, lo que llevó a realizar un allanamiento en su domicilio el día anterior a liberarla. El no estaba, pero ahí sí se sintió identificado, porque ahí ya fue más incisivo. Un allanamiento no es lo mismo que golpear la puerta y preguntar? ‘¿Fulano vive acá? ¿Qué hace? ¿Tiene una camioneta?’ En la casa se encontraron ciertos elementos que no llevaban a una convicción. Lo que necesitábamos era hablar con él. Y ante esa presión, ante esa presunta identificación, al otro día a primera hora la libera, y él se presenta en Jefatura. Venía con una tremenda carga emocional de pesar, de pena, de arrepentimiento. Bastaron cuatro o cinco preguntas y algunos elementos de convicción para que se desmoronara. El motivo de su apertura estaba dado en que la familia de él, la señora y los hijos, alejados del tema por completo, no se vieran perjudicados por su accionar, que respetáramos eso. Y lo respetamos en todo lo que pudimos en no molestar ni a la señora ni a toda la familia de él, que nada tenían que ver en el tema». Sobre los planes de Marizcurrena, comentó: «El quería que la chica pensara que eran varias las personas. Por esa razón se cubría la cara; esto llevaba a que la chica pensara que era otro el que entraba. El le dejaba los perros arriba de los escombros, en la parte de arriba del sótano; los perros hacían ruidos, y él le decía que eran los custodias. De todas maneras, si ella hubiera gritado, no se iba a escuchar. De pronto gritó, pero, ¿quién iba a escucharla?»
Las razones del secuestro
Juan C. Marizcurrena no aparenta ser una persona que necesite dinero, aunque el inspector Telechea tiene la explicación para eso: «No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. El objetivo de él era obtener ese dinero».
A la redacción de LA REPUBLICA llegó el comentario de que Valentina era una joven bastante rebelde y que incluso eso fue lo que llevó a que la cambiaran de liceo. Telechea respondió: «Eso no lo profundizamos. Y, además, ¿qué adolescent
e no es rebelde?»
Para resumir el caso, dijo: «Lo que es claro, porque no hay nada que diga lo contrario, es que fue una persona sola, que no se pagó rescate, que no hay ninguna organización detrás de esto».
Para finalizar, agregó: «El accionar dejó en claro que el crimen no paga. Eso es indudable. Pero no quita lo otro: que eso sea un desafío para alguien que diga: ‘Si éste no pudo, yo sí’. Claro que no deseamos que eso suceda. La Policía nacional está preparada para dar la respuesta al desafío que sea. La idea nuestra sería minimizar todo este tema, no despertar en nadie, ni en el ambiente delictivo, la intencionalidad de repetir un hecho que es terrible. A nadie le gusta que un familiar pase por estas cosas». *
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