Mi hijo era inocente

Madre de un joven asesinado por un taxista coracero clama por justicia

Días atrás LA REPUBLICA informó sobre la muerte de un joven de 19 años que  se dijo  terminaba de efectuar una rapiña junto a otros dos cómplices a un taximetrista en la zona del barrio Borro, y como consecuencia de ello, el trabajador del volante que era a su vez cabo de la Guardia de Coraceros, había repelido los disparos efectuados por uno de los malhechores, hiriéndolo de muerte en plena huída.

Los partes policiales daban solamente las iniciales del policía taxista e indicaban que una vez efectuadas las primeras investigaciones del caso las actuaciones habían pasado al magistrado de turno. Hasta allí lo escueto y definitivo del parte policial.

 

«Mi hijo es inocente»

«Yo lo que quiero es que alguien me explique por qué lo hizo, por qué mató a mi hijo así como lo mató, a tiros, por la espalda, siendo que él no tenía nada que ver con los que lo habían rapiñado».

La voz entrecortada de Marta Beatriz Villanueva (madre de Alvaro Fernando Ceja el joven muerto por las balas del taxista coracero) seguía repitiendo la misma pregunta: «Por qué lo mató ?».

 

La «otra historia»

«Mi hijo de ninguna manera pudo estar donde dicen que estaba cuando los rapiñeros ascendieron al taxi (…) Dicen que subieron en el centro, en la calle Cuareim a las once de la noche, y él había estado hasta las once y media en la casa de la novia(…) después salió para casa, caminando y pasó lo que pasó (…)».

«Yo fui al lugar donde lo mataron  agregó la señora Beatriz Villanueva  estuve allí y los vecinos me contaron que mi hijo luego de ser baleado estuvo 45 minutos desangrándose, caído de rodillas, hasta que llegaron efectivos policiales que lo tomaron de las piernas y los brazos y lo tiraron así nomás sobre la caja de la camioneta Nissan en la que llegaron, y se lo llevaron hasta el policlínico de Piedras Blancas. Ellos dicen que llegó con vida, la doctora que lo recibió dice que cuando llegó allí ya no había nada que hacer».

 

«Había estado preso en el Comcar»

Alvaro Fernando Ceja Villanueva era uno de los cinco hijos de una mujer que los ha criado sola, haciendo de padre y madre, con enorme sacrificio, trabajando como feriante. Uno de sus hijos falleció hace un tiempo ya víctima de una cruel enfermedad. Ahora quedan con ella tres hijos menores que no entienden exactamente qué es lo que ha pasado, pero lo intuyen. «Fernando había estado preso en el Comcar, pagando una culpa que no era de él  nos dijo  y ahora había salido libre y dos veces por semana firmaba en la seccional. Estaba desocupado, me ayudaba e intentaba salir adelante…».

«Pero todo es muy difícil y más cuando se ha tenido la desgracia de equivocarse… había un policía de Jefatura que vivía cerca de casa que cuando pasaba lo agredía de palabra, lo insultaba y mi hijo tenía que callarse la boca porque sabía que le podía costar la libertad…».

 

«Todos saben quiénes fueron»

«En el barrio todos saben quiénes fueron los rapiñeros, yo llevé sus apodos a la Policía y se los di a la actuaria del juez penal de 8º Turno Dr. Eguren. Son tres muchachos que los domingos se van allá por la calle Cuareim a tocar el tambor y tomar y cuando se vienen suben a un taxi y lo rapiñan… todos los domingos rapiñan a uno ellos mismos…».

«Nosotros hace once años que vivimos allí en el Hipódromo en las viviendas de Cafec 7, en la calle Francisco Etchegoyen… todos nos conocen y conocían a Fernando que llegó al barrio siendo un niño.

Lo que quiero es que se haga justicia, y si puedo, hablar con el hombre que mató a mi hijo para me diga por qué lo hizo, por qué lo dejaron morir allí en la calle». *

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