El teniente coronel fue asesinado frente a su hijo de 11 años que intentó evitarlo
Escenas de honda congoja se vivieron en la pasada jornada durante las exequias del teniente coronel Eduardo Pereira, jefe del Regimiento de Caballería Mecanizado Nº 8 de Melo, departamento de Cerro Largo.
El militar había sido ultimado por un cabo de esa unidad con varios disparos de un Fusil de Asalto Ligero (FAL) en el predio del regimiento en las afueras de la ciudad.
Informaciones obtenidas por LA REPUBLICA establecen que el único testigo del sangriento hecho fue el hijo del teniente coronel, quien intentó evitar la desgracia.
Los restos de Pereira fueron sepultados en el cementerio de la capital arachana con honores militares ante una verdadera multitud.
Al sepelio asistieron, entre otros, el jefe de la Región Militar Nº 4, general Carlos Daners, y los generales Santiago Pomoli, comandante de la Región Nº 2, y Ricardo González Falcón, jefe de la Casa Militar.
Luego de una breve ceremonia religiosa oficiada por el obispo de Melo, monseñor Luis Del Castillo, hizo uso de la palabra el coronel Eduardo Lodozqui, quien resaltó los valores humanos y profesionales de su camarada. El extinto comandante era oriundo de la localidad fronteriza de Aceguá, donde la noticia causó verdadera conmoción, habiendo asumido la jefatura del regimiento en el pasado mes de febrero luego de una vertiginosa carrera por distintas unidades militares de todo el país.
Unico testigo
Al cierre de la presente edición era esperado en Melo el juez militar a los efectos de llevar adelante las investigaciones en esa órbita, a la vez que la Justicia Penal civil se aprestaba a procesar al homicida.
Existe un gran hermetismo entre las autoridades castrenses sobre las razones que tuvo el cabo para matar a su jefe. Extraoficialmente trascendió que el extinto jefe y su matador habían mantenido un fuerte altercado días antes, enfrentamiento que culminó con el sangriento hecho ocurrido en el picadero de la unidad.
En esa oportunidad, y según dato en poder de LA REPUBLICA, el único testigo del los hechos es un hijo del teniente coronel Pereira, de 11 años. En ese sentido, las fuentes dijeron que mientras el niño acompañaba a su padre se desencadenaron los hechos.
El pequeño incluso tomó al cabo por la cintura y logró desviar el ángulo de tiro del fusil.
Pero la desesperación del niño había sido infructuosa ya que los primeros y mortales disparon habían sido efectuados a quemarropa. El primero de los proyectiles hizo impacto en el tórax de Pereira, originando su muerte casi instantánea.
El crimen se produjo en la tarde del pasado sábado.
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