Muy pronto sabríamos de Valentina
El total hermetismo de los jerarcas policiales y el también justificado silencio de los familiares y allegados de la joven, no hacen otra cosa que alentar diversos rumores, algunos de ellos fuera de contexto, y otros con visos de realidad que sin embargo terminan por entorpecer el esclarecimiento de las líneas en la que trabajan los «sabuesos» de Investigaciones e Inteligencia.
Sin lugar a dudas, cuando todos los caminos se van cerrando, ninguna línea de investigación se descarta, desde las más simples a las más complejas. Todo es posible hasta que no se sepa exactamente la verdad. Lo que sí podemos afirmar a esta altura de los hechos, es que se acerca el final de la historia. Pero no podemos asegurar que la versión «oficial» que se difunda entonces, sea realmente lo estrictamente veraz que debiera. Que no se trata de un secuestro común, eso a esta altura nadie lo duda, como así tampoco nadie duda que la acción no tuvo fines extorsivos, al menos en lo que a un pedido «convencional» de rescate se trata. La gran duda radica en el «quién» y el «por qué». Este tipo de hechos no pasan porque sí. Es indudable que ni los investigadores ni la familia en ningún momento habrían dudado del «por qué», y algunos inclusive hasta habrían, si no conocido, al menos imaginado el perfil del autor del hecho, es decir del «quién» que es la otra punta de la incógnita.
La metamorfosis de los hechos
Las versiones sobre cómo se dilucidaron los acontecimientos han ido cambiando con los días. La primera de ella, apenas trascendió la noticia, contaba que la joven iba en su motocicleta por la calle Yamandú Rodríguez, rumbo al norte, cuando fue interceptada por una camioneta Fiorino blanca con matrícula de Maldonado que giró bruscamente cerrándole el paso. Ante esto la muchacha no pudo detenerse y habría chocado violentamente cayendo de su moto al pavimento. En esas circunstancias, habría bajado una persona de la camioneta y la habría emprendido a golpes de puño y puntapiés con la joven. Posteriormente, la habría introducido por la fuerza en la caja del vehículo, y luego de cerrar las puertas, habría huido de allí rumbo al sur, hasta llegar a la rambla donde se perdió de vista.
La segunda versión indicaba ya que todo habría sido distinto. Efectivamente la maniobra y el encontronazo fueron como se dijo, pero la joven habría caído al suelo y el hombre, del que se dijo tendría entre 20 y 30 años, habría bajado del vehículo increpándola, la habría tomado por los brazos zamarreándola simplemente, pero nada de castigo ni más violencia, y la habría introducido por las puertas traseras en el vehículo. En todo este ínterin la muchacha no habría proferido ningún grito pidiendo ayuda.
Una tercera versión indicaba que quien conducía la camioneta estaba efectivamente «haciendo la ronda» tratando de encontrar a la muchacha o a alguien allegado a ella con quien infructuosamente por motivos privados habría estado tratando de contactarse. Al ver a Valentina en su motocicleta, y para no perderla de vista, le habría atravesado el vehículo con el resultado anotado. El forcejeo habría sido la protesta de la muchacha que conocería seguramente a su agresor.
Los puntos dudosos
Los puntos oscuros en todo esto son muchos. Los que alientan las dudas y las distintas interpretaciones. Y esas dudas pueden resumirse en algunas de estas preguntas que muchos se hacen:
¿Cómo es posible que la secuestraran y no le sacaran el teléfono celular ni le inmovilizaran las manos? (recuérdese que se dijo que llamó con mensajes digitales a una amiga suya reiteradamente desde su teléfono móvil)
¿Cómo es posible que a plena luz del día, en una zona intensamente vigilada no solamente por servicios de la Policía montevideana sino también por empresas de seguridad privada, haya podido pasar lo que pasó y nadie advirtiera nada y que un solo supuesto testigo no haya avisado inmediatamente sobre el hecho?
¿Cómo es posible que el o los secuestradores no hubiesen establecido en tantos días un sólo contacto con la familia de la joven planteando sus exigencias?
Y de ser así: ¿Cómo se explica que no se haya intentando al menos difundir la imagen de la joven y el identikit de su supuesto secuestrador para que si alguien notaba algo extraño en alguna circunstancia pudiera aportar información?
¿Será acaso que no hace falta nada de eso, por que ya se sabe quién es el secuestrador, qué pretende y las bases del acuerdo están ya determinadas?
Algunas conclusiones previas
Aún sin que se haya aclarado el caso, hay seguramente algunas conclusiones «concluyentes» (y en esto sí que vale la redundancia), como por ejemplo que todo estaría bajo control. Por ello, solamente sería una cuestión de tiempo, es decir, cerrar las bases del acuerdo. «Esto es lo tuyo y esto es lo mío» como quien dice. En el mejor de los casos, Valentina volvería a su hogar y el o los responsables del hecho obtendrían lo que buscaban. Y en ello estaría también comprendido «el después de» .Todo apunta a que haya un inminente final, y ello es el deseo de todos. Casi que diríamos, hasta de los propios plagiarios que ya no soportarían un proceso tan largo y desgastante para el que nunca prepararon infraestructura ni logística, por que tampoco nunca imaginaron que los hechos se darían tal como se dieron. *
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