¿Dónde está Valentina?

¿Fue secuestrada en Carrasco una adolescente de 15 años?

 

Nada hacía presagiar que ese penúltimo jueves del año sería sustancialmente diferente a otros tantos que lo precedieron. En el barrio residencial de Carrasco sin embargo, las cosas serían diferentes.

 

Alrededor de las 8 y 30 de la mañana

Valentina Ferrari es una adolescente de 15 años de edad, hija de una acaudalada familia de la zona y en la mañana de la víspera se dirigía en su motocicleta matrícula ISAQ-590 rumbo al Colegio y Liceo Americano, emplazado no muy lejos de allí, en la calle Saldún de Rodríguez 23 75, donde aparentemente debía rendir un examen. A unos pocos metros apenas de su casa comenzó lo que por ahora es un gran misterio.

Lo que se ha podido saber a partir de ese momento son datos muy fraccionados, apenas un testigo que dijo lo suyo y nada más. De acuerdo con esta persona que habría sido quien dio la voz de alarma sobre el hecho, en la calle Yamandú Rodríguez entre Basilea y Boston la adolescente que transitaba en su motocicleta –como ya se dijo– fue interceptada por una camioneta Fiat Fiorino blanca, matriculada en Maldonado que giró bruscamente atravesándosele en el camino sorpresivamente.

A raíz de esto la jovencita, al no poder efectuar una maniobra para impedirlo, impactó contra el vehículo, cayendo al pavimento mientras su rodado volcaba y su casco protector caía a un costado.

 

Una saña feroz

Inmediatamente un hombre se bajó de la camioneta y comenzó a forcejear con Valentina, y –siempre de acuerdo con los dichos del testigo– continuó golpeándola con los puños y luego en el piso la emprendió a puntapiés contra la indefensa adolescente y una vez reducida así, violentamente, la introdujo en la caja del furgón por la puerta trasera. El vehículo salió de allí a gran velocidad rumbo a la rambla.

De acuerdo con lo que se ha podido saber del caso llamó la atención la saña con que el desconocido atacó a la jovencita y la resistencia que ésta puso a pesar de la diferencia física entre uno y otro.

Debido a la cercanía del lugar de su residencia, la familia se notificó a los pocos minutos del episodio. La confusión inicial pareció aclararse de acuerdo con lo manifestado por una amiga suya que dijo haber recibido en su celular un muy breve mensaje de Valentina en el que le decía: «Me están secuestrando». Aparentemente en el fragor del episodio habría tenido tiempo para apretar el redial de su celular y retornar al último número discado en él para dejar registrado su mensaje que era en sí un llamado de auxilio.

 

Una línea de investigación

Algunos allegados incluso habrían mostrado sorpresa por el hecho, considerando que seguramente quienes lo hicieron sabían que la muchachita iría esta mañana a rendir un examen, por lo cual no sería de extrañar que no estén alejados de círculos cercanos a la víctima.

De acuerdo con lo que algunas fuentes a cargo de la investigación dejaron entrever, no se descartaría ninguna hipótesis. Y más aun teniendo en cuenta que a la hora del cierre de LA REPUBLICA aún nadie se había puesto en contacto con la familia de la adolescente para plantear alguna exigencia. Se intentaba de todas formas caracterizar el delito para su adecuado tratamiento.

 

Quién y cómo es Valentina

Valentina Ferrari es miembro de una de las familias más acaudaladas de la zona. Su abuelo fue fundador de una conocida empresa financiera y su tío es el actual gerente general de la misma, así como su madre que ocupa también un alto cargo ejecutivo en la referida empresa.

A su vez su padre es el gerente general de una de las instituciones bancarias extranjeras más importantes en el mercado financiero uruguayo.

Valentina es una típica adolescente. Con todos los problemas y urgencias de la mayoría de las muchachitas de 15 años, más allá de apellidos o posiciones sociales. Según pudo saberse últimamente vendría sufriendo mucho por un desgastante conflicto familiar que la tendría sumamente preocupada.

Siempre de acuerdo con lo expresado por algunas fuentes allegadas, a raíz de ello vendría experimentando algunas alteraciones en su conducta que la habían convertido en una adolescente díscola, al extremo de tener problemas en varios institutos donde cursaba estudios, hasta que fue inscripta en el exclusivo Colegio y Liceo Americano.

Ello además, según algunas opiniones, encuadraría en las reacciones típicas de los adolescentes que buscan con sus extremos de conducta una atención de sus padres o allegados más íntimos, atención de la que por una u otra razón se sienten excluidos.

 

Llamado de auxilio

En las primeras instancias se pudo saber que la jovencita habría efectuado un llamado desde su celular al de una amiga, dejándole un mensaje en texto que decía que la estaban secuestrando, accionando para ello el «redial» de su aparato móvil. Se supo luego que la misma amiga recibió dos llamados más de Valentina, que sin embargo se frustraron cuando intentaba responder a ello, como si estuviese «robando» la llamada a escondidas y debiera cortar presurosamente para no ser vista.

Continuando con las investigaciones se supo después que la matrícula de Maldonado que llevaba la camioneta Fiorino utilizada por los plagiarios no pertenecía a dicho vehículo sino que sería robada y habría estado asignada a un coche Fiat Uno que integraría el parque automotor del Ejército.

Todos estos detalles no hicieron otra cosa que agregar pautas de misterio a un episodio que conmocionó a toda la zona de Carrasco y al resto del país, más aun por no ser realmente el rapto o el secuestro una modalidad delictiva habitual entre nosotros.

 

La zona del drama

El lugar donde aconteció el hecho es uno de los sectores más exclusivos de la de por sí exclusiva zona de Carrasco. Ubicado a sólo dos cuadras de la rambla y a unas cinco o seis del viejo Casino Hotel, el entorno es generalmente tranquilo, pero a pesar de ello las casas están todas muy protegidas por rejas y sistemas de alarma y además de los rutinarios controles de los servicios policiales, todo el sector está vigilado por empresas de seguridad privada. Por todo ello, lo que llama mucho más la atención es que un hecho de esta naturaleza hubiese acontecido a plena luz del día sin que nadie lo advirtiera, excepto un testigo. Sin embargo, habría algún otro vecino que aportó su testimonio a los investigadores, pero por el momento todo se mantiene en el más absoluto hermetismo.

 

No vi, no escuché, no hablo

LA REPUBLICA visitó la zona e intentó hablar con los vecinos, pero existía entre ellos una especie de consigna de silencio, un total hermetismo. No solamente «nadie vio ni escuchó nada» sino que muchos dijeron ni siquiera conocer a Valentina a pesar de vivir a pocos metros de su residencia.

Los investigadores tampoco se prestaban a «largar prenda alguna» que permitiera aclarar en algo las cosas. Mientras todo esto sucedía en la casi fortificada mansión de Yamandú Rodríguez 1342, las ventanas de la planta alta aparecían abiertas o con las persianas a medio cerrar. Desde atrás de los vidrios y las cortinas seguramente alguien observaba hacia el exterior con mirada esperanzada.

En la redacción eran ya casi las 23.00 horas del penúltimo jueves de este año 2003, cuando cerramos esta nota. El día podía haber sido parecido a tantos, pero no lo fue. *

 

(Producción: Claudio Sampayo)

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