Cinco niños devorados por las llamas mientras dormían
El terrible drama conmocionó por igual a los vecinos de uno y otro lado de la línea divisoria, dejando al descubierto una triste realidad de marginación y miseria que va y viene de un lado al otro y poco o nada sabe de geografías ni de aduanas.
Rafael Almada es uruguayo, tiene 26 años de edad y está casado con Teresa Soarez Ferreira, brasileña de 25 años.
Ambos se ganan sacrificadamente la vida como cartoneros, recorriendo con un carrito de ida y vuelta de aquí para allá y viceversa las calles empinadas de Rivera y las rúas empedradas de Santa Ana Do Livramento
El sábado, como lo hacen siempre, habían salido a rebuscarse el jornal diario llevando con ellos a uno de su media docena de hijos, Antonio, de seis años de edad, mientras en el rancho del Parque San José, en la rúa M. Campos quedaban descansando los otros cinco niños, Estefaní de 7 años, Gabriel de 5, Keterlin de 4 y Everly de apenas 11 meses.
Rafael y Teresa cuando estaban retornando a su domicilio tras una larga jornada de cartoneo, tuvieron un mal presentimiento. Vieron desde lejos a mucha gente en los alrededores de su vivienda y a los bomberos llegando al lugar.
El propio Rafael dijo a Teresa que seguramente algo malo habría pasado por allí, pero ninguno de los dos tuvo siquiera idea de la magnitud de aquella tragedia.
La pericia del Cuerpo de Bomberos informó que la tragedia habría sido provocada por la caída de una vela sobre el piso de la casa de madera, extendiéndose el fuego con voracidad sin dar tiempo a los niños que dormían allí a ponerse a salvo. *
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