Salvajes torturas a un pequeño en La Coronilla

Lo hallaron desnutrido y encadenado con el perro

Jorge Marcelo Moreira Altez está entre rejas imputado de un delito de lesiones graves por omisión impropia especialmente agravado, y su concubina también recluida, imputada de omisión de asistencia.

La víctima es un niño de seis años que fue puesto a disposición del Instituto Nacional de Menor, pero que ahora está internado esperando su recuperación.

La Policía toma contacto con los hechos cuando la Comisaría de la Familia y la Mujer recibe una denuncia que deriva de inmediato a la Seccional 2ª de La Coronilla para que actúe. En la denuncia se hacía referencia a que en una finca del balneario había, hace ya muchos meses, un niño en condiciones infrahumanas.

El comunicado policial dice que la Policía procedió al allanamiento de un finca ubicada en barrio Capacho del balneario La Coronilla, constatándose por parte del personal actuante que el pequeño se encontraba desprovisto de ropas y con signos evidentes de maltrato y desnutrición.

Posterior reconocimiento médico certifica desnutrición severa y golpes con varias lesiones en diferentes grados de evolución.

El niño Brian Michael Silva, de seis años, vivía en la casa con su padre y la madrastra que tiene un embarazo a término. La pareja tiene además otro hijo de un año y medio. El chico maltratado pesaba 10,600 kilos, cuando su peso normal de acuerdo a la edad debería ser de unos 30 kilos. Esta es una de las señales más claras de las condiciones de vida que llevaba el pequeño. Tampoco iba a la escuela, sólo había cursado Jardinera y carecía de documentación. Había nacido en Brasil (Santa Vitoria do Palmar), por esa razón llevaba el apellido materno en primer lugar.

Aunque cueste creer, Brian permanecía encerrado en la finca y la mayor parte del tiempo era obligado a convivir en un galpón con un perro y, entre los brutales castigos que recibía, frecuentemente lo ataban junto al animal. Estos castigos eran el adicional a los golpes que a diario le aplicaban. En la primera noche de reclusión, el padre del chico tuvo un intento de autoeliminación que no generó situaciones de peligro para sí pero permitió que fuera retirado de la Cárcel Departamental para evitar el juicio del resto de la población carcelaria mediante la aplicación de códigos internos para quienes cometen actos de esta naturaleza, según comentaron fuentes policiales.

El complot del silencio

De acuerdo con las informaciones recogidas por LA REPÚBLICA, frente a la casa donde se descubrió este hecho viven los abuelos paternos del niño y pegado vive una tía (hermana del padre). Incluso el niño había estado durante un tiempo al cuidado de la abuela. Durante el fin de semana, después que el tema sacudió al departamento de Rocha, el comentario entre varios vecinos dejan entrever que había un cierto grado de conocimiento de la situación, que no fue denunciada con anterioridad.

Según opinión de algunos circunstanciales testigos, la proximidad que tiene la gente de cualquier ciudad del Interior en sus actividades laborales y sociales hacen que el desconocimiento general de este caso aparezca como imposible y solamente podría explicarse por el descompromiso y el consabido «no te metas», que lamentablemente caracteriza a algunos estamentos de la sociedad.

En este sentido se comparó este caso con otros hechos relacionados a la prostitución infantil o el tráfico de drogas que se registran en comunidades del departamento de Rocha con el silencio cómplice de un montón de actores locales así como de integrantes de instituciones que bien podrían actuar en estos asuntos. *

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