Barra brava a prisión
En la pasada edición LA REPUBLICA informó en exclusiva sobre los detalles de la histórica decisión de la directiva del Club Nacional de Fútbol, de denunciar a un capo de la barra brava que se había convertido en un grave problema para la institución.
Es que el individuo –con antecedentes penales por «atentado», «lesiones personales» y «desacato» entre 1990 y 1995– exigía la entrega de dinero y entradas para repartir entre sus seguidores, so pena de tomar represalias.
Pero el violento accionar de este individuo tiene también antecedentes en la historia del club. Fue el mismo que a principios de los 90 le desfiguró el rostro al por entonces director técnico Hugo Fernández y al periodista partidario Enrique Bello, dentro de la propia sede de la calle 8 de Octubre. Los hechos recientes, según fuentes policiales, se remontan a los festejos por los 101 años de los «bolsos» el pasado 14 de mayo.
En la oportunidad el hombre había querido festejar paralelamente con su grupo el cumpleaños en el Parque Central, a lo cual la directiva se negó. Igualmente ese día se hizo presente y «de pesado» pretendió participar de las celebraciones. Para evitar males mayores los dirigentes le entregaron una buena cantidad de sandwiches y bebidas alchólicas.
Persona no grata
Esta serie de episodios, sumada al pedido de plata a jugadores y dirigentes y a la rotura de algunos autos de los futbolistas, determinaron a la directiva del Club Nacional de Fútbol a emitir una circular interna prohibiendo su ingreso a las instalaciones.
Es que el hombre no tenía domicilio fijo, según las fuentes, y se pasaba la mayor parte del día en el club.
A veces dormía debajo de las tribunas del parque. Y cuando después de esa resolución Caffaro pretendió ingresar una vez más, el personal de seguridad le hizo saber que no podía, por lo cual los agredió y causó nuevos desmanes en la institución.
Su presencia también era habitualmente padecida por los dirigentes de las divisiones juveniles.
Paralelamente a esta situación, la directiva tricolor, especialmente su presidente Dante Iocco y el gerente Washington Ucha, decidieron denunciarlo ante la Policía. Y fue el propio Ucha quien la firmó. Desde entonces los funcionarios de la Seccional 9ª de la Dirección de Seguridad se abocaron a su captura. Pero no fue una tarea fácil encontrarlo.
Temor
Las fuentes consultadas por LA REPUBLICA señalaron el temor que esta persona infundía, no sólo por su robusta humanidad, sino por su efecto de causa y consecuencia. Advertía sobre algo y si no obtenía lo que pedía cumplía en cierto modo sus amenazas.
Los destrozos en el club y en los autos de los jugadores, como así también los castigos físicos propinados en más de una ocasión le daban crédito.
Y en esta oportunidad había amenazas de muerte, según se explicó.
Por eso también la preocupación de la Policía para dar con el paradero de este hombre, considerado como «pesado» y «peligroso».
Y fue el lunes de noche que los funcionarios de la Seccional 9ª le dieron captura en Urquiza y Mariano Moreno, en las inmediaciones del Parque Central.
El martes el Juzgado Penal de 11er. Turno se vio abarrotado de personas, ya que en el marco de las pesquisas desarrolladas en ese momento por la Justicia, fueron conducidos a declarar unos 20 integrantes de la hinchada tricolor, como así también testigos y dirigentes.
Las fuentes explicaron que Caffaro admitió ser el causante de los destrozos mencionados, no así de las amenazas, algo muy difícil de probar al no haber pruebas físicas.
El magistrado le tipificó la comisión de «un delito de violencia privada y un delito de daños en reiteración real».
Compartí tu opinión con toda la comunidad