Fugó del Juzgado, hizo dos robos y se pegó un tiro en la cabeza
A Ledesma se lo conoce también como «el tatuado». Tiene varias de esas marcas en distintas partes del cuerpo, producto de sus estadías tras las rejas. Estuvo en varias prisiones del país: en Cerro Largo, en Treinta y Tres, en Las Rosas (Maldonado) y el Penal de Libertad, entre otras.
Estaba considerado como peligroso. Ahora su vida pende de un hilo. Las circunstancias que lo llevaron a estar internado en la actualidad forman parte de un escándalo que envuelve a la Justicia olimareña y que hasta el momento no ha tenido secuelas a ningún nivel. LA REPUBLICA accedió a detalles de este episodio, que fue confirmado por varias fuentes.
Todo comenzó en la localidad de Santa Clara, de donde es oriundo «el tatuado». Personal de la Seccional 8ª investigaba una serie de hurtos en su jurisdicción y luego de algunas pesquisas se concluyó que los hechos tenían el sello de Ledesma. Comenzó a ser buscado y prontamente fue localizado.
Captura y traslado
Una vez que los funcionarios dieron con el paradero del sospechoso se realizó un operativo que culminó con su captura.
Si bien intentó deslindar responsabilidades los elementos reunidos en su contra motivaron que, una vez comunicada la situación al Juzgado de Paz local, su titular dispusiera que fuera sometido a la Justicia letrada en la capital departamental. Concretados los aspectos administrativos el delincuente fue conducido hasta la ciudad de Treinta y Tres y entregado a las autoridades de la Seccional 1ª, como es de rigor en este tipo de casos. Los formalismos continuaron con la comunicación al Juzgado Letrado para que fijara audiencia, lo cual efectivamente ocurrió.
La fecha precisa en la que ocurrieron los hechos no pudo ser precisada por las fuentes, aunque se explicó que todo pasó hace más de 15 días.
Finalmente la jueza olimareña, Gloria Rodríguez, dispuso que Ledesma fuera trasladado a la sede para ser indagado en torno a los robos de Santa Clara.
«El tatuado» sabía que su suerte ya estaba echada y empezó a pensar en la forma de escapar, antes o después de ser procesado, como todo indicaba que ocurriría.
Salió de la Seccional 1ª esposado, lo subieron a un móvil y lo llevaron al juzgado, al que ingresó con las esposas puestas.
Fuga y robos
Las fuentes consultadas por LA REPUBLICA afirmaron que estando ya dentro de la sede judicial y con un policía de custodia, la actuaria Adriana Suluaga ordenó, sin tomar precaución alguna, que le fueran sacadas las esposas a Ledesma.
El hombre no podía creer lo que estaba pasando, y como era de suponer aprovechó la oportunidad y escapó subrepticiamente.
En este sentido, los informantes hicieron notar que la evasión estuvo favorecida no solo por el hecho de las esposas, sino porque una puerta que comunica el juzgado con un corredor interno que da a las casas de los magistrados estaba abierta, cuando debería estar cerrada para evitar, por ejemplo, este tipo de incidentes.
El hombre, acostumbrado a vivir del delito, lo primero que hizo al «recuperar» la libertad fue incursionar en la materia. Se metió en una casa que estaba deshabitada y de allí robó un revólver calibre 32, con seis cartuchos vivos. Con el poder que da un arma se sintió más seguro y pensó en cómo salir de la capital olimareña. No necesitó el revólver, al que guardó para más adelante.
De otra finca se llevó un Fiat Uno con el cual emprendió viaje de regreso a Santa Clara. Para ese entonces toda la Policía de Treinta y Tres estaba enterada de lo sucedido y procuraba dar con el prófugo.
Mientras tanto, Ledesma conducía pensando en la sumatoria de episodios que había pasado en las últimas horas. Algo tenía claro: a la cárcel no iba a volver nunca más.
Epílogo
«El tatuado» llegó a Santa Clara y se internó en una zona de campos, al tiempo que el comisario y personal a sus órdenes comenzaba a rastrearlo por la zona, tras recibir datos de que allí se encontraba. Finalmente lo ubicaron. Tenía el auto cerca y el revólver en una de las manos.
Los efectivos quisieron detenerlo y le apuntaron con sus armas, pero Ledesma hizo lo propio llevando el caño del 32 hacia su cabeza. Les dijo que si intentaban algo jalaba el gatillo. Durante cuarenta minutos el comisario local procuró convencerlo para que desistiera de su intención. No fue posible.
Ledesma se disparó y desde entonces se encuentra internado. A nivel judicial no hubo consecuencias y de acuerdo a los datos recabados no se ha abierto ninguna investigación especial para establecer responsabilidades. Sin embargo, la fiscal Silvana Bello Suárez habría mantenido al menos dos reuniones con el jefe de Policía, inspector Miguel Magallanes, y en una de ellas le habría pedido que no sancionara al custodia de Ledesma. *
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